jueves, 8 de noviembre de 2018

Carta a una madre que ha perdido un bebé (Beato Charles de Foucald)

Charles de Foucald.

El beato Charles de Foucauld, al enterarse de la muerte de un hijito de su hermana Mimí, llamado Regis, le escribe a ella desde Nazareth dos cartas, fechadas una el 12 de febrero de 1900 y la otra el 14 de febrero de 1901.

Estas dos cartas nos presentan con sencillez y claridad sobrenaturales el misterio de la muerte de los pequeños inocentes. De modo eminente se cumplen en ellos las palabras de nuestro Señor: a ellos les pertenece el Reino de los Cielos (Lc 18,16).


Nazarteh (Tierra Santa) 12 de febrero 1900

Mi querida Mimí:

Termino de recibir el telegrama que me enviaron ayer. Has debido tener una gran pena por la muerte de este niño y al saber lo mucho que sufres yo también estoy muy apenado. Pero, te confieso que me siento embriagado de gozo y agradecimiento al pensar que tú, mi pequeña, pobre viajante y peregrina de este mundo, eres ya la madre de un santo... tu hijo, ese ser a quien has dado la vida está ya en ese cielo al que todos aspiramos y por el cual suspiramos. He aquí que, en un instante se ha convertido en el mayor de sus hermanos, mayor que sus mismos padres, mayor que todos los hombres mortales.

¡Oh, cuánto más sabio es que los mismos sabios! Todo lo que para nosotros es un enigma, para él es claridad, todo lo que perseguimos al precio de una vida de lucha e incesantes combates, él lo ha conseguido. Todas esas maravillas que el ojo del hombre no puede ver ni sus oídos escuchar, ni su entendimiento comprender, él las ve, las escucha y goza de ellas. Disfruta por toda la eternidad de una felicidad que no tiene fin, y bebe en la copa de las divinas delicias. Contempla a Dios en la plenitud del amor y de la gloria entre los santos y los ángeles, en el coro de las vírgenes que acompañan al Cordero y del cual forma parte.

Él, pequeño ángel, protector de tu familia, ha llegado a la Patria es un rápido vuelo y sin penas ni incertidumbres; por la libertad de Nuestro Señor Jesucristo, goza por toda la eternidad de la vista de Dios, de Jesús, de la Santísima Virgen, de San José y la dicha infinita de los elegidos...

¡Cuánto debe amarlos! Lo mismo que tú, toda la familia cuenta ya con un tierno protector.

¡Qué felicidad y qué honor tan grande ser la madre de un habitante del Cielo, tener un santo en la familia! Te lo repito, al pensar en esto me siento arrebatado de admiración.

Se consideraba bienaventurada a la madre de San Francisco de Asís porque asistió a la canonización de su hijo. ¡Mil veces más dichosa eres tú! Sabes, igual que ella, que tu hijo es un santo en el cielo, y esto lo sabes desde los primeros días de ese hijo bendito, sin verlo atravesar, por decirlo así, toda una vida de dolor.¡Cuán reconocido te está! Al dar la vida a tus otros hijos, les has dado al mismo tiempo que la esperanza de la felicidad celestial, el tener que someterse a muchos sufrimientos para poder alcanzarla; a éste, desde el primer instante le has dado la realidad de la felicidad celestial y está sin incertidumbre, sin espera, sin mezcla de pena alguna. Cuán feliz es y cuán bueno es Jesús de recompensar a este inocente con una corona imperecedera de gloria inefable, sin haber tenido que librar ningún combate. Éste es el premio del Santo Bautismo.

Él sufrió y combatió mucho para poder salvar a los suyos sin que tengan ningún mérito de su parte. Él tiene suficientes méritos para introducir en el Reino de su Padre a todos aquellos que Él quiera y a la hora que disponga.

Querida mía, no estés triste, antes bien repite con la Santísima Virgen: “El Señor ha hecho en mí cosas grandes; las generaciones me llamarán bienaventurada”. Bienaventurada, sí, porque aquel que has llevado en tu seno está en este momento resplandeciente de gloria eterna; porque eres la madre de un santo y porque a la semejanza de la madre de San Francisco has conocido en vida la felicidad inmensa de pensar en tu hijo como en un santo sentado por toda la eternidad a los pies de Jesús, reclinado eternamente sobre su corazón, en el amor y la luz de los ángeles y bienaventurados.


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Nazareth (Tierra Santa) 14 de febrero de 1901

Que el pequeño Regis esté siempre presente en la conversación familiar; piensen en él. Que no sea olvidado ni su nombre pasado en silencio por sus hermanitos; hablen siempre de él como de un ser viviente. Está más vivo que nosotros los que habitamos esta tierra. De todos sus hermanos él es el único que está realmente vivo, pues él tiene la vida eterna, que, desgraciadamente nosotros podemos perder como la han perdido tantos otros, y que nuestro querido Regis nos ayudará a obtener. Me encomiendo a él a menudo y con fruto, le pido me enseñe a rezar. Pídeselo tu también y enséñale a tus hijos a invocarlo en sus necesidades. ¡Él los quiere mucho a todos y es tan poderoso!

viernes, 26 de octubre de 2018

Oración para adorar todos los días a Jesús Eucaristía

 
Te entrego y te ofrezco mi adoración, Jesús Eucaristía; te adoro en todas las hostias consagradas del mundo, te adoro en esta hostia santa que estoy contemplando frente a mí [lo que está en rojo se omite si no se está frente al Santísimo], te adoro en todas las hostias reservadas en cada uno de los Sagrarios de la tierra. Hago un acto de adoración a todas las hostias expuestas en las custodias para las Horas Santas o en las capillas de Adoración Perpetua, adoro del mismo modo las hostias ya consagradas que se encuentren sobre los altares en todas las Misas que se están realizando por el mundo en este momento. 

Pero también te adoro, oh Jesús Eucaristía, en todas y cada una de las partículas consagradas que se desprenden de la hostia y en las que sabemos que, a pesar de ser casi imperceptibles, estás completamente Tú; te adoro en las pequeñas partículas que quedan en los dedos de los sacerdotes, de los diáconos o de los ministros extraordinarios de la Eucaristía. Te adoro en las partículas que quedan sobre el altar, en los cálices, en los copones, en los purificadores, en los corporales, en las patenas y en cualquier otra superficie o elemento litúrgico. Y te adoro especialmente, Jesús mío, en cada una de las partículas que, por accidente o por imprudencia, caen al suelo al momento de distribuir el Divinísimo Sacramento, allí también te adoro, Señor.

lunes, 15 de octubre de 2018

Cómo se pronuncia el Ave María en latín

Cómo se pronuncia el Ave María en latín (ver pronunciación en el video)

Ave Maria,
gratia plena,
Dominus tecum,
benedicta tu in mulieribus,
et benedictus
fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei,
ora pro nobis peccatoribus,
nunc
et in hora mortis nostrae.
Amen.

Cómo se pronuncia el Padre Nuestro en latín.

Cómo se pronuncia el Padre Nuestro en latín (ver pronunciación en el video):

Pater noster,
qui es in caelis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tu-um;
fiat voluntas tua,
sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum cotidianum
da nobis hodie;
et dimitte nobis
debita nostra
sicut
et nos dimittimus
debitoribus nostris;
et ne nos inducas
in tentationem;
sed libera nos a Malo.
Amen.

martes, 25 de septiembre de 2018

¿Se persignaban los cristianos en los primeros siglos?


HACER LA SEÑAL DE LA CRUZ ¿ES ALGO INCORRECTO?

No, para nada. Sus orígenes se remontan al siglo II, como señal de pertenencia a Cristo y haber sido redimido por Él. Ya escribía Tertuliano (160-220 d.C.) lo siguiente:  

«En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz.»

A este mismo respecto, escribían otros Padres de la Iglesia:

1. «Haced la señal de la cruz al comer, al beber, cuando os sentáis y cuando os acostáis, y para decirlo en una palabra, en todos tiempos y en todas ocasiones.» (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis 4, 3)

2. «En todas las cosas de nuestra religión nos valemos de la señal de la cruz. Por esto la cruz se llama signo, porque usamos de ella con el fin de que no se acerque mal alguno que nos infecte.» (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sobre la adoración de la preciosa Cruz, 257)

3. «Que nadie se avergüence de los símbolos sagrados de nuestra salvación […]; llevemos mas bien por todas partes, como una corona, la Cruz de Cristo. Todo, en efecto, entra en nosotros por la Cruz. Cuando hemos de regenerarnos, allí esta presente la Cruz; cuando nos alimentamos de la mística comida; cuando se nos consagra ministros del altar; cuando se cumple cualquier otro misterio, allí esta siempre este símbolo de victoria. De ahí el fervor con que lo inscribimos y dibujamos, en nuestras casas, sobre las paredes, sobre las ventanas, sobre nuestra frente y en el corazón. Porque este es el signo de nuestra salvación, el signo de la libertad del genero humano, el signo de la bondad de Dios para con nosotros.» (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre San Mateo, 54)

Como se puede ver, desde los albores del cristianismo se encuentra esta práctica, que de incorrecta no tiene nada, sino que encierra un fuerte significado cristológico.

Santiago Cruz.

Referencias: Larrauri, G, (2011), Orar con los primeros cristianos, España, Editorial Planeta.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Citas donde se habla de 'la Iglesia católica' en el cristianismo primitivo.



Hay muchos hermanos en la propia fe católica, así como hermanos separados de otras comunidades cristianas, que se preguntan desde cuando comenzó a llamársele "católica" a la Iglesia. Entre la propaganda anti-católica que abunda por internet, no es extraño encontrar falsas teorías, que afirman que lo de llamarle "católica" fue un invento del emperador Constantino, a quien también falsamente presentan como el propio "fundador" de la Iglesia católica en el siglo IV. Ambas afirmaciones son completamente falsas, Constantino no "bautizó" a la Iglesia como "católica", y muchos menos la fundó. 

Con este conjunto de citas demostramos de manera contundente que la Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo, encargada a Pedro junto al resto de los apóstoles, quienes a su vez la dejaron bajo el cuidado y gobierno de sus discípulos, a quienes instituyeron, a unos como obispos, a otros como presbíteros o diáconos de las distintas iglesias locales, ya era llamada y conocida como "Iglesia católica" desde tiempos muy tempranos en el desarrollo mismo de la Iglesia primitiva, para resaltar la comunión universal y la totalidad y la plenitud de la fe recibida de los apóstoles, y creída y abrazada por los fieles cristianos de todas las regiones.

Si bien un detractor podría decir que San Cirilo de Jerusalén y San Agustín de Hipona son autores "post-nicenos" (ya que la propaganda anticatólica afirma precisamente que Constantino "fundó" la Iglesia en el Concilio de Nicea en el año 325, algo por lo demás, como ya hemos dicho, completamente falso, ya que en dicho Concilio no se fundó ninguna iglesia nueva, sino que se reunió la Iglesia que ya existía desde 300 años atrás), las citas de estos dos Padres de la Iglesia demuestran cuan afianzado estaba ya el término "Iglesia católica" para el tiempo en que ellos escriben. San Cirilo recomienda preguntar por la Iglesia católica, lo que indica que ya era ampliamente conocida bajo ese concepto, y San Agustín nos dice que de esa forma la llamaron "nuestros antepasados", comprobándose la antigüedad del término.
Alfredo Rodríguez.


San Ignacio de Antioquía; carta a la Iglesia de Esmirna. (Año 107).

«Seguid todos a vuestro obispo, como Jesucristo siguió al Padre, y a los presbíteros como a los apóstoles; y respetad a los diáconos, como el mandamiento de Dios. Que nadie haga nada perteneciente a la Iglesia al margen del obispo. Considerad como eucaristía válida la que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él la haya encomendado. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la iglesia católica

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Carta de la Iglesia de Esmirna a la Iglesia de Filomelio sobre el Martirio de Policarpo (Año 155).


«La Iglesia de Dios que reside en Esmirna a la Iglesia de Dios que reside en Filomelio, y a todas las fraternidades de la santa y católica Iglesia que reside en todo lugar, misericordia y paz y amor de Dios el Padre y nuestro Señor Jesucristo os sean multiplicados.

[…]

Pero cuando finalmente puso fin a su oración, después de recordar a todos los que en un momento u otro habían estado en contacto con él, pequeños y grandes, altos y bajos, y a toda la Iglesia católica por todo el mundo, llegó la hora de partir, y le sentaron sobre un asno y le llevaron a la ciudad, y era un gran sábado.

[…]

Habiendo vencido con su sufrimiento al gobernante injusto en el conflicto y recibido la corona de la inmortalidad, se regocija en la compañía de los apóstoles y de los justos, y glorifica al Dios y Padre Todopoderoso, y bendice a nuestro Señor Jesucristo, el salvador de nuestras almas y piloto de nuestros cuerpos y pastor de la Iglesia católica que se halla por todo el mundo.»
 

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Del fragmento del ‘Canon muratorio’ (año 170 aproximadamente).

«Sin embargo, aunque [el mensaje] se repita a los Corinitios y los Tesalonicenses para su reprobación, se reconoce a una iglesia como difundida a través del mundo entero. Porque también Juan, aunque escribe a siete iglesias en el Apocalipsis, sin embargo escribe a todas. Además, [Pablo escribe] una [carta] a Filemón, una a Tito, dos a Timoteo, en amor y afecto; pero han sido santificadas para el honor de la iglesia católica en la regulación de la disciplina eclesiástica.

Se dice que existe otra carta en nombre de Pablo a los Laodicenses, y otra a los Alejandrinos, [ambos] falsificadas según la herejía de Marción, y muchas otras cosas que no pueden ser recibidas en la iglesia católica, ya que no es apropiado que el veneno se mezcle con la miel.

Pero la carta de Judas y las dos superscritas con el nombre de Juan han sido aceptadas en la iglesia católica; la Sabiduría también, escrita por los amigos de Salomón en su honor.»

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Tertuliano; ‘Prescripciones contra todas las herejías’. (Año 200, aproximadamente).

"¿Dónde estaba [el hereje] Marcion, el capitán del Pontus, el celoso estudioso del estoicismo? ¿Dónde estaba Valentino, el discípulo del platonismo? Porque es evidente que esos hombres vivieron no hace mucho tiempo –en la mayor parte del reinado de Antonio-, y que al principio eran creyentes en la doctrina de la Iglesia Católica, en la iglesia de Roma bajo el episcopado del bendito Eleuterio, hasta que a causa de su curiosidad siempre inquieta, con la que incluso infectaban a los hermanos, fueron más de una vez expulsados"

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De las Actas de los Martires:

Martirio de San Pionio.(Año 250).

El día segundo del sexto mes que es el 12 de marzo, un sábado mayor, mientras Pionio, Sabina, Asclepíades, Macedonia y Lemno, presbítero de la Iglesia católica, celebraban el aniversario del mártir Policarpo, se descargó contra ellos la furia de la persecución. Como el Señor lo manifiesta todo a los de buena fe, Pionio, que no temía los suplicios que ya eran inminentes, los vio anticipadamente antes de que llegaran.

[…]

Después de esto, en presencia de un escribano que anotaba en sus tablillas de cera las respuestas, Polemón siguió interrogando a Pionio: "¿Cómo te llamas?".

Pionio: "Cristiano". 

Polemón: "¿De qué Iglesia?". 
Pionio: "De la católica".

Dejando a Pionio, Polemón se dirigió a Sabina. Pionio anteriormente le había recomendado que cambiara su nombre de Sabina por el de Teódota, para no caer nuevamente en manos de su cruel ama Politta (quien en los tiempos del emperador Gordiano quería obligarla a renegar de su fe y la había encerrado en un calabozo montañoso, de donde la liberaron los hermanos en la fe).

Polemón: "¿Cómo te llamas?".
Sabina: "Teódota y cristiana".
Polemón: "Si eres cristiana, ¿de qué Iglesia?".
Sabina: "De la católica".
Polemón: "¿A qué Dios das culto?".
Sabina: "Al Dios omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y cuanto en ellos se contiene. Su Verbo, Jesucristo, nos lo hizo conocer".

Polemón, a Asclepíades que estaba cerca: "¿Cómo te llamas?".
Asclepíades: "Cristiano".
Polemón: "¿De qué Iglesia?".
Asclepíades: "De la católica".
Polemón: "¿A qué Dios das culto?".
Asclepíades: "A Cristo".
Polemón: "¿Cómo? ¿Es otro Dios?". 

Asclepíades: "No; es el mismo Dios a quien estos acaban de confesar".

[…]

Al entrar en la cárcel, un alguacil descargó tal puñetazo sobre la cabeza de Pionio, que por el mismo ímpetu se hirió a sí mismo y se le hincharon las manos y los costados. Una vez encerrados en la cárcel, entonaron un himno de acción de gracias a Dios, pues en su nombre se habían mantenido en la fe y en la religión católica.

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Martirio de San Acacio (alrededor del año 250).

Marciano: "Mira a los frigios, hombres de religión antigua. Ellos abandonaron su religión, se convirtieron a mis dioses y les ofrecen sacrificios junto con nosotros. Apresúrate a imitarlos. Reúne a todos los cristianos de la ley católica y con ellos abraza la religión de nuestro emperador. Trae contigo a todo el pueblo que está bajo tu jurisdicción".

Acacio: "Todos ellos no se rigen por mi voluntad, sino por los mandamientos de Dios. Me escucharán si les enseño cosas justas; pero si les enseño cosas malas y nocivas, me despreciarían".

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Martirio de San Fructuoso, obispo, y de Augurio y Eulogio, diáconos En Tarragona, año 259 


Apenas se hubo descalzado, un camarada de milicia, hermano nuestro, por nombre Félix, se le acercó también y, tomándole la mano derecha, le rogó que se acordara de él. El santo varón Fructuoso, con clara voz que todos oyeron, le contestó:

Yo tengo que acordarme de la Iglesia católica, extendida de Oriente a Occidente.

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Martirio San Ireneo de Sirmio (Año 304).

«Al llegar al puente que se llama Básente, él mismo se despojó de sus vestidos, levantó las manos al cielo y oró así:
"Señor Jesucristo, que te dignaste sufrir por la salvación del mundo, abre tus cielos y envía a tus ángeles, para que reciban el espíritu de tu siervo Ireneo, que sufre esto por tu nombre y por tu pueblo de la Iglesia católica de Sirmio y por su progreso. Te ruego y suplico tu misericordia, que te dignes recibirme a mí y confirmar en la fe a los demás".»

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San Cipriano de Cartago (Carta 66. Año 253).


«Allí [en Juan 6, 68-69] habla Pedro, sobre quien se edificaría la Iglesia, enseñando en el nombre de la Iglesia y mostrando que incluso si una multitud obstinada y orgullosa se retira porque no desea obedecer, sin embargo, la Iglesia no se retira de Cristo. La gente se unió al sacerdote y al rebaño que se aferraba a su pastor en la Iglesia. Debes saber, entonces, que el obispo está en la Iglesia y la Iglesia en los obispos; y si alguien no está con el obispo, él no está en la Iglesia. En vano se alaban a sí mismos quienes están al margen, sin tener paz con el sacerdote de Dios, creyendo que están en secreto en comunión con ciertos individuos. Porque la Iglesia, que es una y católica, no está separada ni dividida, sino que está unida y junta por el cemento de los sacerdotes que se adhieren unos a otros»

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San Cirilo de Jerusalén; Lecturas Catequéticas. (Año 350).
 

«La Iglesia se llama católica, entonces, porque se extiende por todo el mundo, de un extremo al otro de la tierra, y porque enseña universal e infaliblemente todas y cada una de las doctrinas que deben llegar al conocimiento de los hombres, concernientes a las cosas visibles e invisibles, celestiales y terrenales, y porque trae a toda raza de hombres a la sujeción de la piedad, a gobernadores y gobernados, eruditos e ignorantes, y porque trata y cura universalmente todas las clases de pecados, los cometidos con el alma y aquellos con el cuerpo , y posee dentro de sí toda forma concebible de virtud, en hechos y en palabras y en los dones espirituales de toda clase".

[…]
 

Y si alguna vez estás de visita en las ciudades, no preguntes simplemente dónde está la casa del Señor –porque las demás sectas de los impíos se atreven a llamar a sus guaridas 'casas del Señor', ni preguntes simplemente dónde está la Iglesia, sino dónde está la Iglesia Católica, porque este es el nombre peculiar de esta santa Iglesia, la madre de todos nosotros, que es la esposa de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo unigénito de Dios».

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San Agustín (Sermón a los catecúmenos sobre el Símbolo de los Apóstoles).

 

«Después de confesar la Trinidad, el Credo sigue: CREEMOS EN LA SANTA IGLESIA. Os he demostrado a Dios y a su templo. En efecto, dice el Apóstol, el templo de Dios es santo, que sois vosotros. Esta es la Iglesia santa, la Iglesia una, la Iglesia verdadera, la Iglesia católica, que lucha contra todas las herejías. Puede luchar, y, sin embargo, no puede ser vencida. Todas las herejías han salido de ella, como sarmientos inútiles cortados de la vid. Pero ella permanece entera en su raíz, en su cepa, que es su caridad. Las puertas del infierno no la vencerán».
 

San Agustín (Carta a los católicos sobre la secta donatista)
 

«La cuestión que se debate entre nosotros es ver dónde está la Iglesia, si en nosotros o en ellos. La Iglesia es una solamente, a la que nuestros antepasados llamaron Católica, para demostrar por el solo nombre que está en todas partes; es lo que significa en griego la expresión καθολικός (katholikós). Pero esta Iglesia es el Cuerpo de Cristo, como dice el Apóstol: En favor de su cuerpo, que es la Iglesia. De donde resulta claro que todo el que no se encuentra entre los miembros de Cristo, no puede tener la salvación de Cristo. Ahora bien, los miembros de Cristo se unen entre sí mediante la caridad de la unidad y por la misma están vinculados a su Cabeza, que es Cristo Jesús».

jueves, 6 de septiembre de 2018

Carta de San Ignacio, obispo de Antioquía a los esmirnianos.

Carta de San Ignacio de Antioquía a la Iglesia de Esmirna.

Ignacio, llamado también Teóforo, a la iglesia de Dios el Padre y de Jesucristo el Amado, que ha sido dotada misericordiosamente de toda gracia, y llena de fe y amor y no careciendo de ninguna gracia, reverente y ostentando santos tesoros; a la iglesia que está en Esmirna, en Asia, en un espíritu intachable y en la palabra de Dios, abundantes salutaciones.

I. Doy gloria a Jesucristo el Dios que os concede tal sabiduría; porque he percibido que estáis afianzados en fe inamovible, como si estuvierais clavados a la cruz del Señor Jesucristo, en carne y en espíritu, y firmemente arraigados en amor en la sangre de Cristo, plenamente persuadidos por lo que se refiere a nuestro Señor que Él es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en El toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia.

II. Porque Él sufrió todas estas cosas por nosotros [para que pudiéramos ser salvos]; y sufrió verdaderamente, del mismo modo que resucitó verdaderamente; no como algunos que no son creyentes dicen que sufrió en apariencia, y que ellos mismos son mera apariencia. Y según sus opiniones así les sucederá, porque son sin cuerpo y como los demonios.

III. Porque sé y creo que El estaba en la carne incluso después de la resurrección; y cuando El se presentó a Pedro y su compañía, les dijo: Poned las manos sobre mí y palpadme, y ved que no soy un demonio sin cuerpo. Y al punto ellos le tocaron, y creyeron, habiéndose unido a su carne y su sangre. Por lo cual ellos despreciaron la muerte, es más, fueron hallados superiores a la muerte. Y después de su resurrección Él comió y bebió con ellos como uno que está en la carne, aunque espiritualmente estaba unido con el Padre.

IV. Pero os amonesto de estas cosas, queridos, sabiendo que pensáis lo mismo que yo. No obstante, estoy velando siempre sobre vosotros para protegeros de las fieras en forma humana —hombres a quienes no sólo no deberíais recibir, sino, si fuera posible, ni tan sólo tener tratos [con ellos]; sólo orar por ellos, por si acaso se pueden arrepentir—. Esto, verdaderamente, es difícil, pero Jesucristo, nuestra verdadera vida, tiene poder para hacerlo. Porque si estas cosas fueron hechas por nuestro Señor sólo en apariencia, entonces yo también soy un preso en apariencia. Y ¿por qué, pues, me he entregado a mí mismo a la muerte, al fuego, a la espada, a las fieras? Pero cerca de la espada, cerca de Dios; en compañía de las fieras, en compañía de Dios. Sólo que sea en el nombre de Jesucristo, de modo que podamos sufrir juntamente con Él. Sufro todas las cosas puesto que Él me capacita para ello, el cual es el Hombre perfecto.

V. Pero ciertas personas, por ignorancia, le niegan, o más bien han sido negadas por Él, siendo abogados de muerte en vez de serlo de la verdad; y ellos no han sido persuadidos por las profecías ni por la ley de Moisés, ni aun en esta misma hora por el Evangelio, ni por los sufrimientos de cada uno de nosotros; porque ellos piensan también lo mismo con respecto a nosotros. Porque, ¿qué beneficio me produce [a mí] si un hombre me alaba pero blasfema de mi Señor, no confesando que Él estaba en la carne? Pero el que no lo afirma, con ello le niega por completo y él mismo es portador de un cadáver. Pero sus nombres, siendo incrédulos, no considero apropiado registrarlos por escrito; es más, lejos esté de mí el recordarlos, hasta que se arrepientan y regresen a la pasión, que es nuestra resurreción.

VI. Que ninguno os engañe. Incluso a los seres celestiales y a los ángeles gloriosos y a los gobernantes visibles e invisibles, si no creen en la sangre de Cristo [que es Dios], les aguarda también el juicio. El que recibe, que reciba. Que los cargos no envanezcan a ninguno, porque la fe y el amor lo son todo en todos, y nada tiene preferencia antes que ellos. Pero observad bien a los que sostienen doctrina extraña respecto a la gracia de Jesucristo que vino a vosotros, que éstos son contrarios a la mente de Dios. No les importa el amor, ni la viuda, ni el huérfano, ni el afligido, ni el preso, ni el hambriento o el sediento. Se abstienen de la eucaristía (acción de gracias) y de la oración, porque ellos no admiten que la eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, cuya carne sufrió por nuestros pecados, y a quien el Padre resucitó por su bondad.

VII. Así pues, los que contradicen el buen don de Dios perecen por ponerlo en duda. Pero sería conveniente que tuvieran amor, para que también pudieran resucitar. Es, pues, apropiado, que os abstengáis de los tales, y no les habléis en privado o en público; sino que prestéis atención a los profetas, y especialmente al Evangelio, en el cual se nos muestra la pasión y es realizada la resurrección.

VIII. [Pero] evitad las divisiones, como el comienzo de los males. Seguid todos a vuestro obispo, como Jesucristo siguió al Padre, y a los presbíteros como a los apóstoles; y respetad a los diáconos, como el mandamiento de Dios. Que nadie haga nada perteneciente a la Iglesia al margen del obispo. Considerad como eucaristía válida la que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él la haya encomendado. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la iglesia católica. No es legítimo, aparte del obispo, ni bautizar ni celebrar una fiesta de amor; pero todo lo que él aprueba, esto es agradable también a Dios; que todo lo que hagáis sea seguro y válido.

IX. Es razonable, pues, que velemos y seamos sobrios, en tanto que tengamos [todavía] tiempo para arrepentimos y volvernos a Dios. Es bueno reconocer a Dios y al obispo. El que honra al obispo es honrado por Dios; el que hace algo sin el conocimiento del obispo rinde servicio al diablo. Que todas las cosas, pues, abunden para vosotros en gracia, porque sois dignos. Vosotros fuisteis para mí un refrigerio en todas las cosas; que Jesucristo lo sea para vosotros. En mi ausencia y en mi presencia me amasteis. Que Dios os recompense; por amor al cual sufro todas las cosas, para que pueda alcanzarle.

X. Hicisteis bien en recibir a Filón y a Rhaius Agathopus, que me siguieron en la causa de Dios como ministros de [Cristo] Dios; los cuales también dan gracias al Señor por vosotros, porque les disteis refrigerio en toda forma. No se perderá nada para vosotros. Mi espíritu os es devoto, y también mis ataduras, que no despreciasteis ni os avergonzasteis de ellas. Ni tampoco Él, que es la fidelidad perfecta, se avergonzará de vosotros, a saber, Jesucristo.

XI. Vuestra oración llegó a la iglesia que está en Antioquía de Siria; de donde, viniendo como preso en lazos de piedad, saludo a todos los hombres, aunque yo no soy digno de pertenecer a ella, siendo el último de ellos. Por la voluntad divina esto me fue concedido, no que yo contribuyera a ello, sino por la gracia de Dios, que ruego pueda serme dada de modo perfecto, para que por medio de vuestras oraciones pueda llegar a Dios. Por tanto, para que vuestra obra pueda ser perfeccionada tanto en la tierra como en el cielo, es conveniente que vuestra iglesia designe, para el honor de Dios, un embajador de Dios que vaya hasta Siria y les dé el parabién porque están en paz, y han recobrado la estatura que les es propia, y se les ha restaurado a la dimensión adecuada. Me parece apropiado, pues, que enviéis a alguno de los vuestros con una carta, para que pueda unirse a ellos dando gloria por la calma que les ha llegado, por la gracia de Dios, y porque han llegado a un asilo de paz por medio de vuestras oraciones. Siendo así que sois perfectos, que vuestros consejos sean también perfectos; porque si deseáis hacer bien, Dios está dispuesto a conceder los medios.

XII. El amor de los hermanos que están en Troas os saluda; de donde también os escribo por la mano de Burrhus, a quien enviasteis vosotros a mí juntamente con los efesios vuestros hermanos. Burrhus ha sido para mí un refrigerio en todas formas. Quisiera que todos le imitaran, porque es un ejemplo del ministerio de Dios. La gracia divina le recompense en todas las cosas. Os saluda. Saludo a vuestro piadoso obispo y a vuestro venerable presbiterio [y] a mis consiervos los diáconos, y a todos y cada uno y en un cuerpo, en el nombre de Jesucristo, y en su carne y sangre, en su pasión y resurrección, que fue a la vez carnal y espiritual, en la unidad de Dios y de vosotros. Gracias a vosotros, misericordia, paz, paciencia, siempre.

XIII. Saludo a las casas de mis hermanos con sus esposas e hijos, y a las vírgenes que son llamadas viudas. Os doy la despedida en el poder del Padre. Filón, que está conmigo, os saluda. Saludo a la casa de Gavia, y ruego que esté firme en la fe y el amor tanto de la carne como del espíritu. Saludo a Alce, un nombre que me es querido, y a Daphnus el incomparable, y a Eutecnus, y a todos por su nombre. Pasadlo bien en la gracia de Dios.
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