jueves, 20 de junio de 2019

¿Se puede ser Católico y creer en el 'Karma'?

 
Hoy día en occidente se han puesto de moda muchas creencias orientales sobre el alma, debido al auge de la llamada "Nueva Era", que ofrece la experiencia de una "espiritualidad" sin la necesidad de un Dios Personal, el cual es sustituido por una especie de "energía universal" impersonal. Estas ideas se han vuelto tan populares en nuestra sociedad que muchos ya las dan por sentadas, a pesar de que al mismo tiempo profesen una fe cristiana. No es muy extraño escuchar a alguien formalmente católico decir que a tal o cual persona le pasó algo debido al "karma". Así que es necesario preguntarnos: ¿Se puede ser católico y al mismo tiempo creer en el karma?

Y la respuesta es rotundo NO. No es posible empatizar la fe cristiana del catolicismo con el karma. 


¿Pero por qué no son compatibles?

El 'Karma' es incompatible con la fe católica porque es exactamente lo contrario a la GRACIA y la doctrina de la Gracia es central, fundamental e insustituible para el cristianismo.
 

Los Cristianos creemos que alcanzamos la salvación del alma porque Dios, gratuitamente, sin mérito humano de por medio, ha decidido entregar a su propio Hijo como Cordero propicio por nuestros pecados y los méritos salvíficos del Sacrificio de Cristo realizado en la cruz nos son infundidos gratuitamente por medio de los Sacramentos (medios de Gracia).

Esto es muy importante, pues según la idea del 'karma', lo único que hubiese merecido la humanidad, debido a su constante y terrible pecado, era un castigo indescriptible, proporcional a su pecado, pues a sus malas acciones hubiera merecido unas muy malas consecuencias, sin embargo Dios, por su Divina Misericordia, sin que lo mereciéramos, decidió reconciliarnos con Él por medio de su Hijo: "mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Romanos 5, 8). 

Lo que hizo Dios, por su Gracia, el enviar a su Hijo a morir por los hombres, siendo los hombres terriblemente pecadores, es completamente contrario a la ley del karma. Merecíamos castigo, y un castigo muy severo, pero por su Gracia hemos recibido perdón.  

Pero la Gracia, además de ser el regalo mismo de la salvación, es una asistencia sobrenatural en el alma que nos fortalece para poder cumplir la voluntad de Dios y permanecer en Comunión con Él. Sin esta fuerza sobrenatural que es la Gracia en nuestras almas, el hombre, abandonado a sus propias fuerzas, no podría agradar a Dios, puesto que debido a la concupiscencia, siempre tiene una inclinación al pecado, inclinación que solo puede ser derrotada con la ayuda de la Gracia. La Gracia se nos regala para que podamos, con ella, vencer al pecado.
 

En la enseñanza del Karma es el alma la que se castiga o se recompensa a sí misma por sus propias obras, sin la intervención de Dios. El 'Karma' no considera la Misericordia Divina, por lo tanto es una enseñanza ajena a la creencia cristiana. 

Ahora bien, ¿no dice acaso la biblia que Dios dará a cada uno según sus obras? ¿No sería esto compatible con el karma?


No es compatible porque, como ya hemos dicho, en el Karma no es necesaria ni siquiera la participación de un Dios Personal que juzga y retribuye, pues el karma sería una energía que "equilibra", una especie de ley de "causa-efecto" que rige al universo. 


En la fe cristiana por su parte, si bien Dios dará a cada uno según sus obras, y recompensará al justo y castigará al impío, no supone esto una sustitución de la Gracia Divina. Dios concederá la salvación a aquellos que, unidos a Cristo, y gracias a Él, a Su Gracia infundida en sus almas, hayan dado buenos frutos, porque como bien dice el Señor ("porque separados de mí no pueden hacer nada". Juan 15, 5). 

Dios nos recompensará si somos justos, pero solo podemos obrar en justicia si dejamos que su gracia opere en nuestras almas.

Así que en resumen, en tanto que la creencia del 'karma' sostiene que el alma avanza o retrocede en cada vida (la reencarnación, dicho sea de paso, también es una idea contraria a la fe católica), debido a las propias acciones personales, que se equilibran a sí mismas por una ley o energía impersonal, sin un Dios que juzgue a cada uno al final de la vida, es definitivamente una creencia del todo incompatible con la fe en Jesucristo que enseña la Iglesia católica. 


miércoles, 5 de junio de 2019

Comentario apologético sobre el Sacrificio de la Misa, el purgatorio y el sacerdocio ministerial.


Publico a continuación una respuesta esgrimida a un hermano separado que dice haber sido católico en el pasado, y que en youtube me cuestionaba sobre ciertos temas de la doctrina católica: El Sacrificio de la Misa, la salvación y el papel del purgatorio, la existencia del sacerdocio ministerial, etc. Por lo extenso de su comentario aquí lo omito, pero en resumen este hermano protestante lanzaba las ya conocidas objeciones del neoevangelicalismo, donde, debido a una falsa y errada concepción de lo que creemos los católicos, sostienen premisas falsas, como por ejemplo afirmar que en la Misa decimos "sacrificar a Cristo" porque no creemos en la suficiencia perfecta de su sacrificio en la cruz o sostener que para nosotros el purgatorio es una especie de segunda oportunidad donde la persona se salva por sus propios sufrimientos haciendo nulo y vano el sacrificio de nuestro Señor, lo que, por supuesto, es totalmente falso.

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Luis, me bastó leer las primeras líneas de tu respuesta para confirmar que desconocías profundamente la fe católica que abandonaste y que por eso mismo la abandonaste, porque nunca la llegaste a conocer.

¿Dices que nos pasamos sacrificando a Cristo por no reconocer su único sacrificio? No, no volvemos a sacrificar a Cristo; si te hubieras tomado el tiempo de conocer la fe apostólica antes de abandonarla, sabrías que la Iglesia católica habla del Sacrificio de Cristo como uno realizado DE UNA VEZ Y PARA SIEMPRE, único, irrepetible, perfecto.


Lo que hacemos en la Santa Misa, ese culto instituido por Jesús en la última cena, es RENOVAR el Sacrificio, ¿qué significa esto de renovarlo? ¿Volverlo a sacrificar, acaso? De ningún modo, renovarlo significa hacerlo presente, traerlo al aquí y al ahora, para que ese Sacrificio Perpetuo, que ya por sí mismo es suficiente, nos sea aplicado a nuestras vidas actuales. Por eso decimos que la Misa actualiza el Sacrificio de Jesús, lo hace actual, pone a nuestra disposición los méritos salvíficos a pesar de que la crucifixión ocurrió hace casi dos mil años, y de este modo, actualizándolo, la gracia infinita de la obra perfecta de Jesús que viene de la cruz, llega a nuestras vidas y es aplicada en el aquí y ahora.

Pero bueno, ustedes creen que ese efecto lo consiguen haciendo la oración de la salvación, nosotros preferimos seguir lo que Cristo instituyó, "hagan esto en memorial mío" (aunque ustedes creen que un memorial es un simple recordatorio, pero bíblicamente un memorial también es un sacrificio, una ofrenda, y lo demuestro hasta con biblia protestante):

"Y tomará el sacerdote de aquella ofrenda lo que sea para su memorial, y lo hará arder sobre el altar; ofrenda encendida de olor grato a Jehová" Lev. 2, 9".

"Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová." Lev. 2, 16. 


El memorial cristiano, el memorial del Nuevo Testamento es CRISTO mismo, puesto que no existe ofrenda más pura y perfecta que Jesús.

En cuanto al purgatorio, te veo seguir armando muñecos de paja, o sea, luchando contra una idea falsa que tienes de nuestra doctrina y no contra nuestra doctrina tal y como la tenemos. Ya te dejé claro que el purgatorio no es para salvarse, por lo tanto es absurdo que quieras poner esta doctrina en contradicción con la obra redentora de Cristo en la cruz del Calvario. El purgatorio es para que, POR LOS MISMOS MÉRITOS DE CRISTO, por la misma obra que hizo Cristo derramando su sangre por nuestra salvación, las manchas con las que hayas muerto a razón de pecados menores, te sean lavadas con la misma Sangre del Cordero, para que entres puro al cielo, porque nada manchado entrará en los cielos (Ap, 21, 27).

Si hoy cometes un pecado y pides perdón ¿en función de qué se te perdona? En función de los mismos méritos de Cristo en la cruz, ¿pero qué pasa si cometes un pecado y mueres repentinamente? ¿Puedes entrar así al cielo? No, pero sí puedes ser lavado de esa mancha por la Sangre del Cordero, pero no aquí, porque ya no estarías aquí, sino en el purgatorio, si bien serás salvo, "pero como por el fuego" (1Cor 3, 15).

Lo de los sacerdotes, si dices que ya no pueden haber sacerdotes, pues estás negando una verdad básica de la fe cristiana, según la cual todos hemos sido constituidos en profetas, sacerdotes y reyes, solo que, algunos ejercen su sacerdocio de manera ministerial.

Porque como dice San Pablo, a ellos los constituyó ministros, para administrar los misterios de Dios: "el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica." 2Cor. 3, 6.

"Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios" 1Cor 4, 1.

¿Y qué misterio más grande pueden administrar los Ministros si no el Misterio Eucarístico? Tienes toda la literatura patrística para atestiguar que la Eucaristía era entendida como Misterio en la Iglesia primitiva.

En cuanto a lo de "SUMO Sacerdote", pues la propia expresión lo dice, si es SUMO, o sea EL MÁXIMO, es porque hay otros a su servicio. Jesús es nuestro Sumo Sacerdote, los otros son constituidos Ministros para participar ministerialmente (valga la redundancia) del Sacerdocio de Cristo. 


Saludos. 

Alfredo Rodríguez


Mira también la explicación sobre el Sacrificio de la Misa en video: 

lunes, 3 de junio de 2019

Explicando a un protestante la relación de autoridad entre la Biblia y la Tradición en la doctrina católica.

 
A continuación presento una respuesta que le he dado a un hermano protestante sobre la relación de autoridad entre las Sagradas Escrituras y la Santa Tradición. Esta respuesta fue esgrimida en una red social, pero ante la grave confusión existente sobre lo que pensamos los católicos en cuanto a la Biblia y la Tradición, me parece importante ponerlo a la mano de otros lectores. 

Muchos hermanos separados creen que pensamos que la Tradición es "otra revelación", distinta a la de las Escrituras, y aquí explico que, por el contrario, creemos en una sola y única Revelación pública dada por Dios a la Iglesia, la cual se explica y se transmite por dos medios, de los cuales, en complementariedad, obtenemos la certeza de que lo creemos y practicamos.


Alfredo Rodríguez. 

--
Comentario del hermano separado: Reconocemos que la Escritura tiene su autoridad; sin embargo, aunque para mí tiene toda autoridad, para tí no; y no la tiene en base a algo y puedo saber qué es, ese "algo"; si no me equivoco, ese "algo" es la Viva Voz (Tradición), pero ¿cuál tradición?

Si bien es cierto que las tradiciones son muy buenas, y no hay problema con ellas, al contrario, enriquecen la historia y la vida; incluso resultan necesarias para entender las Escrituras.

Ahora bien, desde el punto de vista biblico, ya sea teológico, litúrgico, etc, la tradición debe ser congruente entre la Viva Voz (Tradición) y la Escritura.

Existen muchas tradiciones, por ejemplo, la tradición familiar (cumpleaños, viajes, etc), la tradición nacional (día de muertos, etc), la tradición importada (halloween, etc) y muchas más, pero si estas tradiciones no son congruentes a lo que Dios ha establecido, no pueden ser puestas por obra por aquéllos que se dicen siervos o hijos de Dios.

Mi pregunta es:
¿ Cuál es esa Viva Voz para tí ?


-- 
Mi respuesta: Creo que aquí has dado en el clavo con esta afirmación: "incluso resultan necesarias para entender las Escrituras"

Esto es justamente lo que creemos los católicos sobre la Tradición, que es necesaria para entender las Escrituras. Consideramos que la Revelación es un único y solo depósito de la fe que Dios en la plenitud de los tiempos ha confiado a la Iglesia dándole la gran comisión de anunciarlo y hacer discípulos de todas las naciones, y que ésta Revelación está contenida tanto en la Escritura como en la Tradición, no como dos Revelaciones distintas, sino como dos formas de transmisión de la única Revelación que existe.

O sea toda la Revelación está completamente contenida en las Escrituras (suficiencia material) y está completamente contenida en la Tradición, y la comprensión de ambas, por medio del Magisterio de la Iglesia que constituyeron los apóstoles y que confiaron a los obispos, es lo que da formalidad a las doctrinas.

Preguntas "¿Cuál es esa Viva Voz para tí ?". Bueno, voy a usar unos ejemplos para que veas cómo entendemos está íntima relación y complementariedad entre Escritura y Tradición apostólica, y cómo el entendimiento correcto de la primera es alcanzado por la luz que le proporciona la segunda.

Pensemos en la Eucaristía. Hay un gran debate entre ustedes y nosotros sobre la realidad de este Sacramento, sobre cuál es la forma en que Jesús está presente o si de plano no está presente en el pan y en el vino y solo sirve para recordarlo. Incluso –y esto creemos que es a causa precisamente de haber desechado la Tradición en el protestantismo- el debate ocurre entre las comunidades protestantes; Lutero, Calvino y Zwinglio, con las misma biblia, nunca se pudieron poner de acuerdo sobre la Cena del Señor, para Lutero el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor estaban misteriosamente presentes en medio del pan y del vino, para Calvino se trataba de una presencia, pero espiritual, y para Zwinglio era solo un símbolo, sin misterio alguno de por medio. Tres interpretaciones con las mismas Escrituras.

Si hubiesen recurrido a la Tradición, no hubiesen disputado sobre este asunto, porque la Tradición lo aclara, despejando toda duda sobre cómo esos pasajes fueron entendidos en la Iglesia primitiva (ya que los primeros cristianos recibieron la comprensión sobre este asunto directamente de los apóstoles, de viva voz)

Si tomamos solo las Escrituras podemos llegar a muchas conclusiones distintas sobre este Sacramento, y terminar en una guerra de versículos de ida y vuelta sin llegar a un acuerdo, ¿entonces que es lo que nos arroja luz sobre este tema, y lo que nos hace afirmar a los católicos que se trata del verdadero Cuerpo y la Sangre de Cristo? LA TRADICIÓN es la que nos arroja esa claridad, porque así ha sido sostenido desde los primeros siglos de manera unánime por los Padres de la Iglesia, los sucesores de los apóstoles.

Entonces, tenemos algunos pasajes donde Jesús nos dice "el pan que yo les daré es mi carne", "el que no come mi carne y bebé mi sangre…", "mi carne es verdadera comida…", "esto es mi cuerpo", etc., pero puede haber dudas razonables sobre el sentido en el que Jesús estaba hablando, ¿qué nos lo aclara? ¿Cómo despejamos las dudas? ¿Cómo sabemos cuál era la doctrina apostólica sobre este tema? POR MEDIO DE LA TRADICIÓN, y entonces comprendemos que esos detalles particulares eran claros en la Iglesia primitiva porque eso enseñaron de viva voz los apóstoles a las comunidades allí donde llegaban. Entendemos que cuando celebraban la partición del pan, en la intimidad de la comunidad, los apóstoles le transmitieron oralmente a los obispos y al resto de los creyentes, que aquel pan y aquel vino, luego de las palabras de consagración, no debían ser tomados por pan y vino comunes, sino que se convertían en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y como tal debían ser tratados recibidos, por ello ese mismo e idéntico lenguaje es el que usan Justino Mártir, Ireneo de León, Atanasio de Alejandría, Juan Crisóstomo, y muchos otros en diversos siglos.

Por eso un documento Magisterial, Dei Verbum, afirma:

«la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura SU CERTEZA acerca de todas las verdades reveladas».

Así que si bien toda la revelación está en la Escritura, LA CERTEZA sobre la revelación no se haya solo en ella, encontramos la certeza, la claridad plena, solo cuando unimos la Escritura a la Tradición.

Podríamos dar otro ejemplo sobre la misma Eucaristía. Nosotros afirmamos que se trata de un verdadero sacrificio, no de otro sacrificio aparte del de Jesús, sino de la renovación del mismo Sacrificio de Jesús, ¿cómo sabemos este detalle? Porque la Tradición nos da la certeza. Sabemos que Jesús dijo "hagan esto en memorial mío" y que bíblicamente un "memorial", en algunas partes de la Escritura, se refiere a un verdadero sacrificio u ofrenda ("Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová." Lev 2, 16.), no a un mero acto de recordar mentalmente, pero ante la duda que puede existir con las solas escrituras, sobre si es un mero acto de recordar o una verdadera ofrenda, tenemos la certeza que nos da la Tradición, donde, incluso desde la propia Didajé del siglo I, se habla de la Cena del Señor como un sacrificio:

«Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio.

Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio.

Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones".»


En este último párrafo vemos cómo la Tradición nos explica el sentido de un versículo de la Escritura (Malaquías 1, 11), aclarándonos que era una profecía sobre la ofrenda de la Eucaristía que realizaría la Iglesia.

Entonces, en resumen, la Tradición es todo el conocimiento y los detalles particulares de la revelación que dan certeza sobre las prácticas y las doctrinas de la Iglesia tal como la recibieron los apóstoles.

lunes, 27 de mayo de 2019

Al rezar el Rosario cumplimos con la Escritura.


 
En el Rosario decimos por lo menos 53 Avemarías y esto le parece poco bíblico a los protestantes, y hasta dicen que son “vanas repeticiones”.

Pues no hay de vano en cumplir por lo menos 53 veces al día con las palabras bíblicas de Lucas 1, 48: “todas las generaciones me llamarán bienaventurada”, cuando le decimos a María las palabras de Isabel: “bendita tú entre las mujeres” (Lc. 1, 42).

Y mucho menos es vano bendecir 53 veces a Nuestro Señor Jesucristo cada vez que decimos “y bendito el fruto de tu vientre, JESÚS, pues como dice la Escritura: “Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey, bendeciré tu nombre por siempre; todos los días te bendeciré, alabaré tu nombre por siempre”. (Sal. 145 -144-).


¡BENDITAS REPETICIONES QUE BENDICEN 53 VECES A NUESTRO SALVADOR JESÚS Y A LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA! 

viernes, 24 de mayo de 2019

Juan 5, 39: La Reina-Valera aleja a los protestantes de Jesús en la Eucaristía y de la vida eterna.

 
Hasta hace tiempo no creía que fuera tan importante la cuestión de las versiones bíblicas, de si era importante elegir entre ésta o aquella otra, pensaba que básicamente todas decían lo mismo, pero poco a poco he ido comprendiendo la importancia de la traducción, y he ido entendiendo cuan grandemente es equivocada la doctrina protestante gracias a las malas traducciones.

Uno de los versículos más usados por el mundo protestante para sostener su doctrina de la "sola escritura" (doctrina desconocida, dicho sea de paso, en toda la antigüedad cristiana durante los primeros 1500 años) es el del Evangelio de San Juan 5, 39. En este versículo, según el pensamiento protestante y neoevangélico, Jesús estaría mandando a escudriñar las Escrituras como medio para alcanzar la vida eterna.

He participado en múltiples debates donde los adherentes del protestantismo han citado este versículo como "argumento" para defender que los cristianos deberíamos sustentarnos en la biblia y solo en la biblia, y buscar en ella, y solo en ella, nuestra salvación, e incluso no es extrañó que acompañen sus comentarios con alguna imagen con un bonito diseño donde se muestra una biblia y el versículo citado, pero, ¿realmente Jesús estaba mandando a escudriñar las Escrituras para encontrar la vida eterna, o estaba más bien reprochando a quienes creían que la vida eterna está encerrada en un libro?

La versión de la biblia Reina-Valera 1960, una de las más famosas y usadas en las congregaciones protestantes, dice:

"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí".

Cuando la traducción de la Reina-Valera usa erróneamente el imperativo "escudriñad", el lector es inducido a creer que Jesús le está dando la orden de estudiar infatigablemente las Escrituras porque "en ellas tienen vida eterna", y de este modo está puesto todo sobre la mesa para que se exacerbe el fundamentalismo 'solobiblista' y el evangélico protestante crea que está en todo lo correcto al prescindir del Magisterio, de la Tradición, de los Sacramentos, en pocas palabras, que puede rechazar a la Iglesia (con todo el depósito de la fe contenido en ella), como necesaria para la salvación.

No es difícil comprender la profunda división de denominaciones y sub-denominaciones protestantes -grupos de la misma corriente doctrinal pero divididos formalmente en distintas estructuras, organizaciones y congregaciones debido a las distintas interpretaciones bíblicas sobre éste u otro tema en particular-, cuando se parte de una premisa según la cual el creyente solo necesita su biblia. Incluso no es extraño observar que muchos hermanos separados se alejan de sus propias congregaciones y deciden llevar su fe de manera aislada y personal, sin asistir a ninguna comunidad protestante y hasta defender su aislamiento bajo el pretexto de que "la verdad no está en ninguna iglesia o religión", sino "solo en la biblia", por lo que lo único que necesitan es "la Palabra de Dios". ¿Y cómo no van a pensar así si les han hecho creer que el cristianismo se reduce a leer un libro?

La primera vez que leí Juan 5, 39 fue precisamente en una Reina-Valera 1960, y ya desde la primera ocasión que lo leí me pareció interesante que el Señor dice "porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna"; fíjense que no dice "porque que en ellas tenéis la vida eterna", sino "a vosotros os parece"; Jesús nunca dijo que fuera así, más bien estaba haciendo una crítica a la creencia de aquellos a quienes hablaba.

Al leer la versión católica de la Biblia de Jerusalén, observamos con mucha mayor claridad qué es aquello que el Señor Jesús quiso transmitir a los judíos que le escuchaban, veamos:

"Ustedes investigan las Escrituras, ya que creen tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mi".

Otras dos versiones católicas, la Biblia Latinoamericana, así como la versión llamada El Libro del Pueblo de Dios, dicen: "Ustedes escudriñan las Escrituras" y "Ustedes examinan las Escrituras", respectivamente.

Así vemos que cuando Jesús  habló de escudriñar, estudiar o examinar -Ἐραυνᾶτε (Eraunate)- no lo hizo en un sentido imperativo, sino indicativo. Jesús estaba indicando, describiendo o explicando lo que hacían los judíos, no estaba mandando a que lo hicieran como una condición imperativa para salvarse.

Y que Jesús habla en modo indicativo nos lo muestra el propio contexto con los versículos tanto anteriores como posteriores al 39.  Por ejemplo, si comenzáramos a leer desde el versículo 36 podríamos observar que Jesús les explica que las obras que Él realiza dan testimonio de que el Padre le envió. Los judíos estaban intentando encontrar en las letras la vida eterna que se les ofrecía delante de ellos en la Persona de Jesús, quien se les manifestaba por medio de sus obras.

Los versículos 37 y 38 son impresionantes por su profunda contundencia:
"37. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Ustedes no han oído nunca su voz, ni han visto nunca su rostro,
38. NI HABITA SU PALABRA EN USTEDES, porque no creen al que él ha enviado".
¡Ni habita su palabra en ustedes! Jesús le dice nada más y nada menos que a los expertos en las Escrituras, a los que las escudriñaban profusamente, ¡que la Palabra de Dios no habitaba en ellos! Escudriñaban las Escrituras, pero no tenían la Palabra, puesto que la Palabra de Dios es una Persona, no un libro; la Palabra de Dios es Jesús, en quien no habían creído a pesar de ver todas las cosas asombrosas que el Señor hacía frente a sus ojos.

Ahora bien, ¿de todo esto se desprende que las Escrituras son innecesarias? ¡Por supuesto que no! Jesús dice en el mismo versículo 39 que ellas daban testimonio de Él, refiriéndose, como es obvio, al ahora conocido como Antiguo Testamento -las únicas Escrituras que existían hasta el momento en que Jesús estaba hablando- el cual hablaba sobre la tan anhelada llegada del Mesías de Israel. Pero inmediatamente después de que les ha dicho que las Escrituras daban testimonio de su Persona, les deja clara la diferencia entre el testimonio y la vida: "y ustedes no quieren venir a mi para tener vida" (ver. 40).

Las Sagradas Escrituras están presentes los 365 días del año en toda la vida litúrgica de la Iglesia católica, pero entendemos que ellas son un testimonio que nos remiten siempre a la Persona Viva y Real de Jesús, de manera particular y especial en su Presencia en la Sagrada Eucaristía. De poco sirve leer sobre Jesús si no se va a Jesús, si no se tiene un Encuentro Vivo y Personal con el Señor.

La vida eterna no la encontramos en las letras que nos hablan sobre Jesús, sino en Jesús mismo, en el Jesús Vivo y Real, Verdadero Dios y Verdadero Hombre, y si bien en la biblia leemos sobre Jesús, luego hay que ir a Él para tener vida, no basta quedarse con el testimonio.

Creer que la vida se encuentra en "escudriñar" las Escrituras es equivalente a pensar que para calmar el hambre bastaría con leer una receta, en lugar de poner manos a la obra, prepararla y comerla luego de que se ha obtenido el conocimiento de cómo cocinarla.

¿Y cómo se va Jesús para tener vida eterna? El mismo Señor nos lo dice:

"Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo". Juan 6, 51.

Ir a Jesús para tener vida es entrar en una perfecta Comunión con Él, es hacerse verdaderamente Uno con el Señor, dejar que Él habite en ti, ¿pero cómo nos hacemos uno con Jesús, cómo dejamos que Él habite en nosotros?  ¡Dejando que su Cuerpo entre en el nuestro, por medio de la Eucaristía que el instituyó para tal efecto y donde Él está realmente Vivo y realmente Presente, como Él mismo lo dijo, y cito la propia RVR 1960:

"El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, Y YO EN ÉL" Juan 6, 56.


No es casualidad que estas palabras se encuentren solo un capítulo después de que Jesús ha enseñado que la vida eterna no consiste en escudriñar las Escrituras. En un orden perfecto, primero les enseña a los judíos que si bien podían ser exegetas perfectos de la Escritura, no tenían la Palabra de Dios en ellos, para enseguida mostrarles cómo es que podían hacer habitar esa Palabra de manera viva en su interior; comiendo su carne y bebiendo su sangre sacramentalmente bajo el signo del pan que les estaba ofreciendo como medio eficaz para transmitirles Su Vida. 

Por eso desde tiempos muy remotos de la Iglesia primitiva, vemos que la estructura litúrgica de la fe cristiana está compuesta por la dimensión de una doble mesa desde donde Dios nos alimenta, y siendo Él nuestro propio alimento, estamos en Él y Él en nosotros para que nos haga partícipes de su vida eterna. Por eso el culto cristiano -y lo podemos ver en textos antiquísimos de la Iglesia primitiva como en los de San Justino Mártir a mediados del siglo II, donde básicamente está describiendo la Misa- siempre ha tenido la Mesa de la Palabra, donde se sirve el alimento de la Palabra proclamada desde el ambón, y la Mesa Eucarística, el altar donde por obra del Espíritu Santo el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para que comulgando permanezcamos en Él y Él en nosotros. 

Así que si ya escudriñas las Escrituras y reconoces en ellas a Jesús, ahora es tiempo de dar el siguiente paso, ve a tener un Encuentro Personal con Él en la Eucaristía.

miércoles, 22 de mayo de 2019

¿Qué fue primero, la Biblia o la Iglesia?


¿La Iglesia nace de la Biblia o la Biblia de la Iglesia?

Para el protestante la Iglesia nace de la biblia, mientras para el católico la biblia nace de la Iglesia. 

¿Quién tiene la razón?

Pues usemos uno de los muchos dones que Dios nos ha concedido, el razonamiento: Si la Iglesia solo fuera un cuerpo de creyentes subordinados a la biblia, obligados a someterse única y exclusivamente a la Escritura, no podría haber existido la Iglesia en el tiempo en que Pablo perseguía a los cristianos, puesto que aquél que los perseguía es precisamente el que a la postre escribiría 3/4 partes del Nuevo Testamento. Si los protestantes tuvieran razón, y la Iglesia estuviera sometida únicamente a la autoridad de la Escritura, tendría primero que haberse escrito toda la biblia y luego, recién en ese momento, comenzar a existir la Iglesia
, porque, ¿a qué autoridad obedecería la Iglesia si no existía la biblia?

Pero la realidad de cómo ocurrieron las cosas es muy distinta, los primeros cristianos operaron sin la biblia tal y como la conocemos ahora. La Iglesia de los primeros años posteriores a la resurrección no se reunían a escuchar sermones sobre II de Timoteo o I de Tesalonicenses, puesto que el que escribiría años más tarde esas y otras epístolas, aun se encargaba en ese momento de buscarles para martirizarlos por su fe en el Resucitado. 

Es pues obvio que la Iglesia ya existía antes de que se escribiera el Nuevo Testamento. Los primeros cristianos ya eran una Iglesia antes de que Pablo escribiera a los Efesios, a los Gálatas, a los Corintios y a todos los demás. 

Quizá algún protestante dirá: "pero ya existía el Antiguo Testamento", sin embargo ese sería un grave problema para los propios "solobiblistas" y su doctrina, pues si el A.T. bastaba como Escritura para regir a la Iglesia, ¿qué necesidad había de escribir y añadir 27 libros más? Si el A.T. era suficiente autoridad para la vida de la Iglesia, ¿por qué entonces no se rigen ellos, los protestantes, solo por el A.T. y limitan su "sola escritura" a los libros del Tanaj judío? Si admiten la necesidad del N.T. admiten de facto que el A.T. no era una autoridad suficiente por la que se pudiera regir la Iglesia.

¿Y cómo surge el Nuevo Testamento? Por la autoridad de la Iglesia y no al revés; fue la Iglesia, por la moción del Espíritu Santo, la que decidió, primero escribir y luego reunir y canonizar 27 libros más, unirlos a su vez a lo que ya existía y llamarle a todo el conjunto 'Sagradas Escrituras', o simplemente 'Biblia'. 

De ahí que es contradictorio e incongruente afirmar, como algunos hermanos separados afirman, que ellos creen en la Biblia, pero no en la Iglesia. El Nuevo Testamento es de hecho un conjunto de textos esencialmente eclesiásticos, escritos por miembros de la Iglesia y para la Iglesia. Sus autores primeros fueron cristianos, es decir, primero fueron miembros de la Iglesia, y luego escribieron sus evangelios o cartas; nuevamente observamos ese orden, primero la Iglesia, luego los textos de la Escritura. 

Así vemos, en resumen, que lo que conocemos como Biblia, es decir, el compendio de todo el Antiguo y el Nuevo Testamento, es el producto final de un trabajo realizado por la Iglesia católica y por su autoridad, y no a la inversa. 

La biblia nace de la Iglesia, no la Iglesia de la biblia.  


lunes, 29 de abril de 2019

'Necesito que alguien ore por mi', deja tu petición y oraremos por tus necesidades.


¿Tienes alguna necesidad especial por la cual deseas que recemos? ¿Estás enfermo o tienes algún familiar con alguna enfermedad? ¿Quieres pedir por la conversión de alguien? Sea cual sea tu necesidad; física, material o espiritual, queremos hacer oración por ti.

Sabemos que los cristianos somos los miembros del Cuerpo de Cristo, estamos en comunión los unos con los otros por Él y en Él que es la Cabeza del Cuerpo y dicha comunión se hace efectiva cuando realmente por medio de la oración nos hacemos Uno, tal como Nuestro Señor Jesús quiere que seamos Uno. 

Por ello lanzamos esta iniciativa: ¡Queremos orar por ti!

Déjanos en los comentarios tus necesidades, las pondremos en nuestras intenciones en las diversas oraciones (diálogo libre con Dios, peticiones directas ante el Santísimo Sacramento, Santo Rosario, etc.) que ofrecemos a Dios en el poderoso nombre de Jesús.
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