miércoles, 17 de julio de 2019

Sí, soy católico, por esto y más.


- ¿Eres católico?
 

- Sí
 

- ¿De esa Iglesia llena de curas pederastas?

- Aunque no es una justificación, solo alrededor de un 0.3% del clero ha estado involucrado en esos penosos casos, así que eso de “llena” es un tanto exagerado.
 

- Pero en fin, han surgido de esa Iglesia y tú eres parte de ella.
 

- Sí, han surgido de esa Iglesia de la que también han surgido durante 2000 años miles y miles de santos, conocidos y anónimos, con vidas ejemplares e intachables que han sabido imitar en grado excelso la vida de Cristo en el servicio y el amor al prójimo; de esa misma Iglesia que fundó y sostiene la Organización de Caridad más grande del mundo, Cáritas Internacional; de esa misma Iglesia que atiende gratuitamente a miles de ancianos abandonados, de enfermos terminales o niños huérfanos en miles de asilos, hospitales y orfanatos atendidos por religiosos y laicos a lo largo y ancho de toda la tierra; de esa misma Iglesia que cada domingo educa ciudadanos haciendo escuchar a millones de personas en la Misa alguna predicación sobre cosas buenas, como lo bueno que es amar a los semejantes, ser fiel a tu pareja, no robar, ayudar al enfermo o al pobre, etc. –que luego no todos lo apliquen, es otra cosa-; esa misma Iglesia que aporta un valor incalculable a la salud del tejido social agrupando a decenas de miles de niños, adolescentes y jóvenes en los grupos parroquiales donde conviven sanamente y reciben formación en valores morales que les mantienen alejados de las drogas, de las pandillas y de la delincuencia, que les desarrollan una personalidad apta para la convivencia pacífica en sus comunidades y que hacen innumerables actividades de ayuda social y caritativa de la que se beneficia toda la sociedad. SÍ, SÍ SOY PARTE DE ESA IGLESIA.

miércoles, 10 de julio de 2019

Era un exitoso Doctor en Microbiología, Jesús lo llamó al Sacerdocio.



Compartimos el hermoso testimonio vocacional de Gerardo Ramos Alfano, seminarista del Seminario de Monterrey, México, que siendo un exitoso académico con un Doctorado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Nuevo León fue llamado por Nuestro Señor Jesucristo al Ministerio Sacerdotal.

Demos Gloria a Dios y sigamos orando por las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales. 

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Testimonio vocacional.

Comencé mis estudios en el Seminario de Monterrey el 8 de agosto del 2009, después de asistir durante un año al proceso vocacional y a dirección espiritual. Recuerdo cómo esperaba con alegría cada fin de semana de retiro para asistir. Siempre buscaba la manera de estar libre ese domingo para no faltar a ninguno. De los días más felices que he tenido en mi vida tengo muy presente el día de ingreso al Seminario Menor después de la misa de inicio de cursos en la Basílica de Guadalupe.

Pero todo tiene un antecedente: durante siete años y medio trabajé para la Universidad Autónoma de Nuevo León, soy Biólogo egresado de esta Casa de Estudios, también obtuve el grado de Maestría en Ciencias con especialidad en Inmunobiología y el Doctorado en Ciencias con especialidad en Microbiología; fui profesor investigador en la Facultad de Ciencias Biológicas y por cinco años subdirector en lo que era la Dirección de Vinculación y Servicio Social de la U.A.N.L.

El año 2006 fue un parteaguas en mi vida: por invitación de Juan Manuel Adame Rodríguez, gran amigo y exjefe del laboratorio, del 23 al 26 de noviembre me encontré con Cristo en un Cursillo de Cristiandad (n. 514), y desde ese momento mi rutina, que iniciaba con clases a las 8:00 horas, oficina, laboratorio, juntas y concluía a las 20:00 horas, dio un giro de 180 grados.

Escuchando el testimonio del Pbro. Osbaldo Rentería Salinas sentí el llamado del Señor a seguirlo. Fueron momentos difíciles, saber si realmente era un llamado de Dios, dejar aquello que por años había sido una pasión en mi vida, dejar a mis padres, mi papá Profr. Héctor Arnoldo Ramos Gutiérrez en ese momento sobrellevando por 17 años una enfermedad crónica, dejar de apoyar en esto a mi madre Aída Alfano Guerra; pero el Señor siempre va aclarando esas tinieblas que debilitan nuestra limitada fe.

Mis padres, con el apoyo de mis hermanos Héctor Arnoldo, Aída y Mayela, fueron reacomodando su vida, me doy cuenta que incluso este tiempo en el Seminario fue una oportunidad para volver a empezar como familia y generó nuevos liderazgos, mayor integración y, sobre todo, un aumento en la fe y la vivencia de la vida cristiana como familia.

Es así que este proceso formativo en miras al sacerdocio ministerial no fue solo para mí, sino que involucró también a mi familia cercana, a la familia extendida, a muchas amistades que guardo desde antes del Seminario, es decir, el llamado del Señor no implica solo al seminarista, sino es un proceso que irradia e impacta todos los ámbitos de nuestra vida.

Nuestros padres viven su propio proceso, igual hermanos, tíos, padrinos, etc. y todo esto va también formando y conformando una luz y esperanza para nuestra Iglesia.


Mi padre fue llamado a la Casa de Dios hace apenas dos años, tras una enfermedad que no se manifestó hasta una etapa terminal invasiva, el Señor nos permitió como familia estar con él, cuidarlo y acompañarlo hasta el último momento, y este regalo tan grande solo lo podemos comprender desde la purificación y crecimiento en la fe en que todos hemos ido experimentando como familia; y tanto que aún nos falta por madurar en ella.

El año escolar 2018-2019 iniciamos una nueva etapa formativa que implicó la mayor parte de la semana estar insertos en una parroquia, este próximo ciclo escolar regresaremos un día a la semana al Seminario, sin embargo, debo reconocer la nostalgia que implicó el último día en esta casa de formación… recordar tantos momentos que evocan muchos sentimientos, solo puedo decir ante ello: no me arrepiento de estar tratando de responder a este llamado de amor por parte del Señor. Recuerdo que lo que más me motivó a, después de dos años, iniciar mi proceso vocacional, fue el no quedarme con la interrogante de saber qué hubiera sido de mí si hubiese entrado al Seminario. Me doy cuenta que al final no dejé nada, ni familia, ni amigos ni cosas, solo el Señor me pidió que renunciara a mí mismo para dejarlo a Él, por amor a su pueblo y dentro de mis limitaciones, manifestar su presencia real y actuante en el mundo de hoy.


Gerardo Ramos Alfano.

jueves, 4 de julio de 2019

Página protestante, sin querer, da la razón a la Iglesia católica sobre la Eucaristía: Había Sagrarios en la Iglesia Primitiva

 
Hace días, dando un vistazo por facebook, me encontré con la publicación de uno de mis contactos protestantes (él se identifica como 'reformado', o sea, de teología calvinista). La publicación pertenecía a una página protestante de facebook (llamada Reformed Site) desde donde mi amigo compartió en su muro. 

En el post de Reformed Site publicaron la cita de un libro que recupera un acontecimiento providencial suscitado en la Iglesia en el contexto de la batalla doctrinal del Concilio de Nicea del año 325 (el suceso habría acontecido en el año 336), Concilio donde la doctrina herética arriana salió derrotada formalmente, pero que por varios años más siguió manteniendo un gran poder en los hechos.

La cita explica cómo Alejandro, primado de Alejandría (o sea, Obispo de la Iglesia de Alejandría), se postra ante el Sagrario para rogar al Señor que Arrio no pudiera seguir esparciendo su herejía (el arrianismo enseñaba que Jesús no era Dios) y cómo de camino a Alejandría, Arrio comenzó a tener malestares gastrointestinales que le impidieron continuar su procesión, solo para que momentos más tarde sus seguidores lo encontraran muerto, pues había caído de cabeza a la letrina, acontecimiento que fue entendido por los Cristianos de aquel tiempo como una respuesta providencial a la oración del Obispo Alejandro. 

Sagrarios en la Iglesia primitiva, ausentes en las Iglesias protestantes. 

Pero lo interesante de todo esto, es que en la cita que los propios protestantes de Reformed Site han escogido y publicado, se demuestra la enseñanza católica sobre la Eucaristía y se prueba que la Iglesia católica es la misma Iglesia de los primeros siglos, y que quienes abandonaron el cristianismo primitivo fueron los protestantes.  

Los católicos tenemos Sagrarios (o Tabernáculos) en nuestros templos (y el Sagrario es de hecho el lugar más importante dentro de una iglesia) porque creemos que Jesús está verdaderamente presente de manera sustancial en la Eucaristía, creemos que cada hostia consagrada contiene la sustancia de su verdadero Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de modo que las formas consagradas que no fueron consumidas durante la Misa se reservan en el Sagrario, y allí son adoradas por los fieles cristianos antes de que sean distribuidas en las Misas siguientes o llevadas a los enfermos.

Los protestantes no tienen Sagrarios. ¿Pero por qué no los tienen? Porque no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, o en el menos peor de los casos (como en el caso de los luteranos), creen que su presencia solo se limita al momento de la celebración y de la recepción de la comunión por parte de los fieles. Niegan la presencia de Cristo bajo los signos del pan y el vino luego de la Misa, por lo cual no es necesario preservar el pan que se haya "consagrado".

El Obispo Alejandro ante el Sagrario.

Así entonces, si las propias fuentes utilizadas por los protestantes demuestran que en la Iglesia primitiva había Sagrarios, se comprueba que la enseñanza católica es la enseñanza ortodoxa, la enseñanza de los Santos Padres de la Iglesia Primitiva, y que quienes cambiaron la doctrina fueron los protestantes.

¿Por qué habría de postrarse y oraría un Obispo ante el Sagrario si no creyera que Cristo estaba allí, en la Eucaristía reservada? Aun más, ¿por qué siquiera habría de haber Sagrarios si no creyeran que luego de la Consagración Cristo está allí realmente presente en el signo del pan? 

La cita (que publicaremos íntegra más abajo), demuestra fielmente que los Cristianos de los primeros siglos creían en la Transustanciación, es decir, creían que el pan y el vino se convertían realmente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo,  y que esa presencia permanecía allí aun luego de la Misa, por eso construían Sagrarios y por eso se postraban y oraban ante esos Sagrarios donde Cristo estaba presente. 

Esto debería ser bastante revelador para cualquier protestante sincero y debería preguntarse muy seriamente por qué es que en la Iglesia primitiva había Sagrarios y no los hay hoy en día en sus iglesias. Evidentemente hay una doctrina cristiana mutilada en el protestantismo.


Cita en cuestión:

"Arrio, después de Nicea, recuperó el poder a través de la influencia política. En su retirada, Alejandro, primado de Alejandría, con lágrimas se postró en el sagrario y pidió en oración, “Si Arrio viene mañana a la iglesia, llévame lejos, y no me dejes perecer con el culpable. Pero si tienes compasión por la Iglesia como Tú la compadeces, expulsa lejos a Arrio, para que no entre acá y con él entre la herejía.”

A la mañana siguiente, en su procesión triunfal a la iglesia para ser consagrado formal y públicamente con la autoridad imperial, Arrio se detuvo de repente y salió de la procesión a causa de un dolor gástrico.

Después de esperar un tiempo, sus seguidores investigaron y encontraron que el viejo Arrio había colapsado en su sangre y cayó de cabeza en la letrina abierta. El partido ortodoxo recordó triunfalmente las palabras sobre la muerte de Judas, quien, “cayendo de cabeza, se reventó por medio” y murió (Hechos 1:18). La manera como murió Arrio fue utilizada por los ortodoxos para desconcertar a los herejes y alentar a los santos y fue declarada una obra de Dios.

Los herejes prefirieron olvidarlo y los herejes modernos han eliminado este, al igual que otros eventos similares de los libros de historia, calificándolos como “irrelevantes”. Era, sin embargo, una conclusión providencial para la gran batalla intelectual y espiritual de Nicea".

Fuente: Rousas, RUSHDOONY. Los Fundamentos del Orden Social. Capítulo II. Nicea: La Historia versus La Imaginación.

miércoles, 26 de junio de 2019

Rosario de Acción de Gracias a Dios Padre.



Rosario a Dios Padre.

El siguiente es un Rosario para exaltar y dar alabanza a Dios Padre por su Divina Misericordia que nos ha mostrado por medio de Jesús Nuestro Señor.

Esta no es solo una ofrenda espiritual para dar gracias por algo concreto que hayamos recibido de Dios últimamente, sino para darle gracias por la vida misma, por la esperanza de la salvación que nos ha concedido por medio de su Hijo Unigénito, por hacernos hijos adoptivos suyos en Cristo, por derramar su Espíritu Santo en nuestros corazones y por muchas otras cosas más por las que hay que dar gracias a nuestro Padre Celestial. 

Este Rosario es sumamente apegada a la Liturgia de la Iglesia, ya verás que usamos una oración muy importante de la Misa, la Doxología, la cual en el contexto de la liturgia es exclusiva del Sacerdote, pero que podemos realizar como oración personal fuera de la celebración litúrgica para dar Gloria a Dios Padre.

Pasos a seguir:

En la cruz del rosario vamos a hacer el Credo (de los Apóstoles o el Niceno-constantinopolitano).

Luego pasamos directamente a la medalla central o a la primera cuenta grande y ahí decimos:

"Por Cristo, con Él y en Él, a Ti Dios Padre Omnipotente, en la Unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén." 

Y seguidamente decimos "Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza nos atrevemos a decir" y hacemos un Padre Nuestro

Luego en las cuentas pequeñas decimos 10 veces: "Gracias Padre, porque eres Bueno y es Infinita tu Misericordia."

Al final de cada decena decimos "Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén." y un Ave María.

En la segunda cuenta grande volvemos a hacer lo mismo y así hasta terminar las 5 decenas.

Y terminamos repitiendo tres veces: "Padre de Misericordia, por el inmenso, infinito e incalculable precio de la Poderosa y Preciosa Sangre de Tu Hijo Jesucristo, Señor Nuestro, ten piedad de nosotros". 

jueves, 20 de junio de 2019

¿Se puede ser Católico y creer en el 'Karma'?

 
Hoy día en occidente se han puesto de moda muchas creencias orientales sobre el alma, debido al auge de la llamada "Nueva Era", que ofrece la experiencia de una "espiritualidad" sin la necesidad de un Dios Personal, el cual es sustituido por una especie de "energía universal" impersonal. Estas ideas se han vuelto tan populares en nuestra sociedad que muchos ya las dan por sentadas, a pesar de que al mismo tiempo profesen una fe cristiana. No es muy extraño escuchar a alguien formalmente católico decir que a tal o cual persona le pasó algo debido al "karma". Así que es necesario preguntarnos: ¿Se puede ser católico y al mismo tiempo creer en el karma?

Y la respuesta es rotundo NO. No es posible empatizar la fe cristiana del catolicismo con el karma. 


¿Pero por qué no son compatibles?

El 'Karma' es incompatible con la fe católica porque es exactamente lo contrario a la GRACIA y la doctrina de la Gracia es central, fundamental e insustituible para el cristianismo.
 

Los Cristianos creemos que alcanzamos la salvación del alma porque Dios, gratuitamente, sin mérito humano de por medio, ha decidido entregar a su propio Hijo como Cordero propicio por nuestros pecados y los méritos salvíficos del Sacrificio de Cristo realizado en la cruz nos son infundidos gratuitamente por medio de los Sacramentos (medios de Gracia).

Esto es muy importante, pues según la idea del 'karma', lo único que hubiese merecido la humanidad, debido a su constante y terrible pecado, era un castigo indescriptible, proporcional a su pecado, pues a sus malas acciones hubiera merecido unas muy malas consecuencias, sin embargo Dios, por su Divina Misericordia, sin que lo mereciéramos, decidió reconciliarnos con Él por medio de su Hijo: "mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Romanos 5, 8). 

Lo que hizo Dios, por su Gracia, el enviar a su Hijo a morir por los hombres, siendo los hombres terriblemente pecadores, es completamente contrario a la ley del karma. Merecíamos castigo, y un castigo muy severo, pero por su Gracia hemos recibido perdón.  

Pero la Gracia, además de ser el regalo mismo de la salvación, es una asistencia sobrenatural en el alma que nos fortalece para poder cumplir la voluntad de Dios y permanecer en Comunión con Él. Sin esta fuerza sobrenatural que es la Gracia en nuestras almas, el hombre, abandonado a sus propias fuerzas, no podría agradar a Dios, puesto que debido a la concupiscencia, siempre tiene una inclinación al pecado, inclinación que solo puede ser derrotada con la ayuda de la Gracia. La Gracia se nos regala para que podamos, con ella, vencer al pecado.
 

En la enseñanza del Karma es el alma la que se castiga o se recompensa a sí misma por sus propias obras, sin la intervención de Dios. El 'Karma' no considera la Misericordia Divina, por lo tanto es una enseñanza ajena a la creencia cristiana. 

Ahora bien, ¿no dice acaso la biblia que Dios dará a cada uno según sus obras? ¿No sería esto compatible con el karma?


No es compatible porque, como ya hemos dicho, en el Karma no es necesaria ni siquiera la participación de un Dios Personal que juzga y retribuye, pues el karma sería una energía que "equilibra", una especie de ley de "causa-efecto" que rige al universo. 


En la fe cristiana por su parte, si bien Dios dará a cada uno según sus obras, y recompensará al justo y castigará al impío, no supone esto una sustitución de la Gracia Divina. Dios concederá la salvación a aquellos que, unidos a Cristo, y gracias a Él, a Su Gracia infundida en sus almas, hayan dado buenos frutos, porque como bien dice el Señor ("porque separados de mí no pueden hacer nada". Juan 15, 5). 

Dios nos recompensará si somos justos, pero solo podemos obrar en justicia si dejamos que su gracia opere en nuestras almas.

Así que en resumen, en tanto que la creencia del 'karma' sostiene que el alma avanza o retrocede en cada vida (la reencarnación, dicho sea de paso, también es una idea contraria a la fe católica), debido a las propias acciones personales, que se equilibran a sí mismas por una ley o energía impersonal, sin un Dios que juzgue a cada uno al final de la vida, es definitivamente una creencia del todo incompatible con la fe en Jesucristo que enseña la Iglesia católica. 


miércoles, 5 de junio de 2019

Comentario apologético sobre el Sacrificio de la Misa, el purgatorio y el sacerdocio ministerial.


Publico a continuación una respuesta esgrimida a un hermano separado que dice haber sido católico en el pasado, y que en youtube me cuestionaba sobre ciertos temas de la doctrina católica: El Sacrificio de la Misa, la salvación y el papel del purgatorio, la existencia del sacerdocio ministerial, etc. Por lo extenso de su comentario aquí lo omito, pero en resumen este hermano protestante lanzaba las ya conocidas objeciones del neoevangelicalismo, donde, debido a una falsa y errada concepción de lo que creemos los católicos, sostienen premisas falsas, como por ejemplo afirmar que en la Misa decimos "sacrificar a Cristo" porque no creemos en la suficiencia perfecta de su sacrificio en la cruz o sostener que para nosotros el purgatorio es una especie de segunda oportunidad donde la persona se salva por sus propios sufrimientos haciendo nulo y vano el sacrificio de nuestro Señor, lo que, por supuesto, es totalmente falso.

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Luis, me bastó leer las primeras líneas de tu respuesta para confirmar que desconocías profundamente la fe católica que abandonaste y que por eso mismo la abandonaste, porque nunca la llegaste a conocer.

¿Dices que nos pasamos sacrificando a Cristo por no reconocer su único sacrificio? No, no volvemos a sacrificar a Cristo; si te hubieras tomado el tiempo de conocer la fe apostólica antes de abandonarla, sabrías que la Iglesia católica habla del Sacrificio de Cristo como uno realizado DE UNA VEZ Y PARA SIEMPRE, único, irrepetible, perfecto.


Lo que hacemos en la Santa Misa, ese culto instituido por Jesús en la última cena, es RENOVAR el Sacrificio, ¿qué significa esto de renovarlo? ¿Volverlo a sacrificar, acaso? De ningún modo, renovarlo significa hacerlo presente, traerlo al aquí y al ahora, para que ese Sacrificio Perpetuo, que ya por sí mismo es suficiente, nos sea aplicado a nuestras vidas actuales. Por eso decimos que la Misa actualiza el Sacrificio de Jesús, lo hace actual, pone a nuestra disposición los méritos salvíficos a pesar de que la crucifixión ocurrió hace casi dos mil años, y de este modo, actualizándolo, la gracia infinita de la obra perfecta de Jesús que viene de la cruz, llega a nuestras vidas y es aplicada en el aquí y ahora.

Pero bueno, ustedes creen que ese efecto lo consiguen haciendo la oración de la salvación, nosotros preferimos seguir lo que Cristo instituyó, "hagan esto en memorial mío" (aunque ustedes creen que un memorial es un simple recordatorio, pero bíblicamente un memorial también es un sacrificio, una ofrenda, y lo demuestro hasta con biblia protestante):

"Y tomará el sacerdote de aquella ofrenda lo que sea para su memorial, y lo hará arder sobre el altar; ofrenda encendida de olor grato a Jehová" Lev. 2, 9".

"Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová." Lev. 2, 16. 


El memorial cristiano, el memorial del Nuevo Testamento es CRISTO mismo, puesto que no existe ofrenda más pura y perfecta que Jesús.

En cuanto al purgatorio, te veo seguir armando muñecos de paja, o sea, luchando contra una idea falsa que tienes de nuestra doctrina y no contra nuestra doctrina tal y como la tenemos. Ya te dejé claro que el purgatorio no es para salvarse, por lo tanto es absurdo que quieras poner esta doctrina en contradicción con la obra redentora de Cristo en la cruz del Calvario. El purgatorio es para que, POR LOS MISMOS MÉRITOS DE CRISTO, por la misma obra que hizo Cristo derramando su sangre por nuestra salvación, las manchas con las que hayas muerto a razón de pecados menores, te sean lavadas con la misma Sangre del Cordero, para que entres puro al cielo, porque nada manchado entrará en los cielos (Ap, 21, 27).

Si hoy cometes un pecado y pides perdón ¿en función de qué se te perdona? En función de los mismos méritos de Cristo en la cruz, ¿pero qué pasa si cometes un pecado y mueres repentinamente? ¿Puedes entrar así al cielo? No, pero sí puedes ser lavado de esa mancha por la Sangre del Cordero, pero no aquí, porque ya no estarías aquí, sino en el purgatorio, si bien serás salvo, "pero como por el fuego" (1Cor 3, 15).

Lo de los sacerdotes, si dices que ya no pueden haber sacerdotes, pues estás negando una verdad básica de la fe cristiana, según la cual todos hemos sido constituidos en profetas, sacerdotes y reyes, solo que, algunos ejercen su sacerdocio de manera ministerial.

Porque como dice San Pablo, a ellos los constituyó ministros, para administrar los misterios de Dios: "el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica." 2Cor. 3, 6.

"Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios" 1Cor 4, 1.

¿Y qué misterio más grande pueden administrar los Ministros si no el Misterio Eucarístico? Tienes toda la literatura patrística para atestiguar que la Eucaristía era entendida como Misterio en la Iglesia primitiva.

En cuanto a lo de "SUMO Sacerdote", pues la propia expresión lo dice, si es SUMO, o sea EL MÁXIMO, es porque hay otros a su servicio. Jesús es nuestro Sumo Sacerdote, los otros son constituidos Ministros para participar ministerialmente (valga la redundancia) del Sacerdocio de Cristo. 


Saludos. 

Alfredo Rodríguez


Mira también la explicación sobre el Sacrificio de la Misa en video: 

lunes, 3 de junio de 2019

Explicando a un protestante la relación de autoridad entre la Biblia y la Tradición en la doctrina católica.

 
A continuación presento una respuesta que le he dado a un hermano protestante sobre la relación de autoridad entre las Sagradas Escrituras y la Santa Tradición. Esta respuesta fue esgrimida en una red social, pero ante la grave confusión existente sobre lo que pensamos los católicos en cuanto a la Biblia y la Tradición, me parece importante ponerlo a la mano de otros lectores. 

Muchos hermanos separados creen que pensamos que la Tradición es "otra revelación", distinta a la de las Escrituras, y aquí explico que, por el contrario, creemos en una sola y única Revelación pública dada por Dios a la Iglesia, la cual se explica y se transmite por dos medios, de los cuales, en complementariedad, obtenemos la certeza de que lo creemos y practicamos.


Alfredo Rodríguez. 

--
Comentario del hermano separado: Reconocemos que la Escritura tiene su autoridad; sin embargo, aunque para mí tiene toda autoridad, para tí no; y no la tiene en base a algo y puedo saber qué es, ese "algo"; si no me equivoco, ese "algo" es la Viva Voz (Tradición), pero ¿cuál tradición?

Si bien es cierto que las tradiciones son muy buenas, y no hay problema con ellas, al contrario, enriquecen la historia y la vida; incluso resultan necesarias para entender las Escrituras.

Ahora bien, desde el punto de vista biblico, ya sea teológico, litúrgico, etc, la tradición debe ser congruente entre la Viva Voz (Tradición) y la Escritura.

Existen muchas tradiciones, por ejemplo, la tradición familiar (cumpleaños, viajes, etc), la tradición nacional (día de muertos, etc), la tradición importada (halloween, etc) y muchas más, pero si estas tradiciones no son congruentes a lo que Dios ha establecido, no pueden ser puestas por obra por aquéllos que se dicen siervos o hijos de Dios.

Mi pregunta es:
¿ Cuál es esa Viva Voz para tí ?


-- 
Mi respuesta: Creo que aquí has dado en el clavo con esta afirmación: "incluso resultan necesarias para entender las Escrituras"

Esto es justamente lo que creemos los católicos sobre la Tradición, que es necesaria para entender las Escrituras. Consideramos que la Revelación es un único y solo depósito de la fe que Dios en la plenitud de los tiempos ha confiado a la Iglesia dándole la gran comisión de anunciarlo y hacer discípulos de todas las naciones, y que ésta Revelación está contenida tanto en la Escritura como en la Tradición, no como dos Revelaciones distintas, sino como dos formas de transmisión de la única Revelación que existe.

O sea toda la Revelación está completamente contenida en las Escrituras (suficiencia material) y está completamente contenida en la Tradición, y la comprensión de ambas, por medio del Magisterio de la Iglesia que constituyeron los apóstoles y que confiaron a los obispos, es lo que da formalidad a las doctrinas.

Preguntas "¿Cuál es esa Viva Voz para tí ?". Bueno, voy a usar unos ejemplos para que veas cómo entendemos está íntima relación y complementariedad entre Escritura y Tradición apostólica, y cómo el entendimiento correcto de la primera es alcanzado por la luz que le proporciona la segunda.

Pensemos en la Eucaristía. Hay un gran debate entre ustedes y nosotros sobre la realidad de este Sacramento, sobre cuál es la forma en que Jesús está presente o si de plano no está presente en el pan y en el vino y solo sirve para recordarlo. Incluso –y esto creemos que es a causa precisamente de haber desechado la Tradición en el protestantismo- el debate ocurre entre las comunidades protestantes; Lutero, Calvino y Zwinglio, con las misma biblia, nunca se pudieron poner de acuerdo sobre la Cena del Señor, para Lutero el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor estaban misteriosamente presentes en medio del pan y del vino, para Calvino se trataba de una presencia, pero espiritual, y para Zwinglio era solo un símbolo, sin misterio alguno de por medio. Tres interpretaciones con las mismas Escrituras.

Si hubiesen recurrido a la Tradición, no hubiesen disputado sobre este asunto, porque la Tradición lo aclara, despejando toda duda sobre cómo esos pasajes fueron entendidos en la Iglesia primitiva (ya que los primeros cristianos recibieron la comprensión sobre este asunto directamente de los apóstoles, de viva voz)

Si tomamos solo las Escrituras podemos llegar a muchas conclusiones distintas sobre este Sacramento, y terminar en una guerra de versículos de ida y vuelta sin llegar a un acuerdo, ¿entonces que es lo que nos arroja luz sobre este tema, y lo que nos hace afirmar a los católicos que se trata del verdadero Cuerpo y la Sangre de Cristo? LA TRADICIÓN es la que nos arroja esa claridad, porque así ha sido sostenido desde los primeros siglos de manera unánime por los Padres de la Iglesia, los sucesores de los apóstoles.

Entonces, tenemos algunos pasajes donde Jesús nos dice "el pan que yo les daré es mi carne", "el que no come mi carne y bebé mi sangre…", "mi carne es verdadera comida…", "esto es mi cuerpo", etc., pero puede haber dudas razonables sobre el sentido en el que Jesús estaba hablando, ¿qué nos lo aclara? ¿Cómo despejamos las dudas? ¿Cómo sabemos cuál era la doctrina apostólica sobre este tema? POR MEDIO DE LA TRADICIÓN, y entonces comprendemos que esos detalles particulares eran claros en la Iglesia primitiva porque eso enseñaron de viva voz los apóstoles a las comunidades allí donde llegaban. Entendemos que cuando celebraban la partición del pan, en la intimidad de la comunidad, los apóstoles le transmitieron oralmente a los obispos y al resto de los creyentes, que aquel pan y aquel vino, luego de las palabras de consagración, no debían ser tomados por pan y vino comunes, sino que se convertían en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y como tal debían ser tratados recibidos, por ello ese mismo e idéntico lenguaje es el que usan Justino Mártir, Ireneo de León, Atanasio de Alejandría, Juan Crisóstomo, y muchos otros en diversos siglos.

Por eso un documento Magisterial, Dei Verbum, afirma:

«la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura SU CERTEZA acerca de todas las verdades reveladas».

Así que si bien toda la revelación está en la Escritura, LA CERTEZA sobre la revelación no se haya solo en ella, encontramos la certeza, la claridad plena, solo cuando unimos la Escritura a la Tradición.

Podríamos dar otro ejemplo sobre la misma Eucaristía. Nosotros afirmamos que se trata de un verdadero sacrificio, no de otro sacrificio aparte del de Jesús, sino de la renovación del mismo Sacrificio de Jesús, ¿cómo sabemos este detalle? Porque la Tradición nos da la certeza. Sabemos que Jesús dijo "hagan esto en memorial mío" y que bíblicamente un "memorial", en algunas partes de la Escritura, se refiere a un verdadero sacrificio u ofrenda ("Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová." Lev 2, 16.), no a un mero acto de recordar mentalmente, pero ante la duda que puede existir con las solas escrituras, sobre si es un mero acto de recordar o una verdadera ofrenda, tenemos la certeza que nos da la Tradición, donde, incluso desde la propia Didajé del siglo I, se habla de la Cena del Señor como un sacrificio:

«Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio.

Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio.

Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones".»


En este último párrafo vemos cómo la Tradición nos explica el sentido de un versículo de la Escritura (Malaquías 1, 11), aclarándonos que era una profecía sobre la ofrenda de la Eucaristía que realizaría la Iglesia.

Entonces, en resumen, la Tradición es todo el conocimiento y los detalles particulares de la revelación que dan certeza sobre las prácticas y las doctrinas de la Iglesia tal como la recibieron los apóstoles.
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