martes, 8 de enero de 2019

Breve apreciación sobre el beneficio de las imágenes religiosas para la fe cristiana.


[Esta breve reflexión surge como respuesta a un protestante que me preguntaba cual era la utilidad de usar imágenes dentro de la liturgia católica.]

Las imágenes en sí mismas no se usan o muy extrañamente se usan dentro de los servicios litúrgicos, pero sí forman parte del escenario litúrgico, el templo. Y su utilidad es múltiple; el ser humano es un ser visual, nuestra mente trabaja con imágenes todo el tiempo, el entrar a un templo y ver imágenes sacras te conecta inmediatamente con lo sagrado, con lo divino; si bien no son la realidad, son signos que nos introducen y conectan mentalmente y espiritualmente con lo divino. Un crucifijo interpela a nuestra mente sobre el acto de amor de Jesús en la cruz por nosotros, nos recuerda su obra y ella se queda anclada en nuestra mente; ver a los santos de Dios nos mueve a pensar en aquello en lo que Dios quiere que nos convirtamos y para lo cual nos creó, son modelos de santidad.

Debo decir que en algún momento tuve cierta inclinación contra las imágenes, en un principio, luego de mi conversión al catolicismo, me costaba mucho entender su utilidad y pensaba que creaban más problemas para la fe de lo que aportaban a ésta. Pero luego de reflexionar el tema durante años he llegado a entender su profunda utilidad para la fe cristiana. Para mí no es casualidad que los países más ateos de la tierra sean aquellos que otrora fueron protestantes. Si bien la descristianización en esos lugares obedece a muchos factores, uno de ellos para mi es la falta de la cotidiana relación con signos que ayuden a los fieles a conectar con lo sacro. Si sus templos no tienen nada que te conecten visualmente con la pasión, muerte y resurrección del Señor, si en sus casas están vetados todos esos signos cristianos, si en la cultura no hay costumbres o tradiciones religiosas que alimenten la fe (procesiones, fiestas por alguna advocación que se represente con alguna imagen, etc.), creo que la identidad y la cultura cristiana están condenada a menguar y progresivamente a morir. Y no, no creo que la lectura de la biblia sea suficiente para establecer una relación con las realidades divinas y mantener de manera perdurable una cultura cristiana.


jueves, 3 de enero de 2019

Sacerdotes ortodoxos reconocen "primacía de prioridad" del Obispo de Roma.


El Padre Alexander Schmemann (†1983), presbítero ortodoxo, reconocía que siempre existió un centro ecuménico de unidad y de acuerdo en la Iglesia Universal, y que ese centro era Roma.

Si bien el Padre Schmemann así como el Padre Afanassieff (también ortodoxo y a quien Schmemann hace referencia en la cita de abajo) no reconocen en sus escritos la primacía de autoridad de Roma, ambos admiten lo que Afanassief daba por llamar "primacía de prioridad" o "el principio de prioridad" de la Iglesia de Roma en la Iglesia Católica desde finales del primer siglo, en que el centro de la cristiandad se trasladó de Jerusalén a Roma.

«Finalmente llegamos a la más alta y última forma de primacía: la primacía universal. Un prejuicio antiromano de muchos años ha llevado a algunos canonistas ortodoxos simplemente a negar la existencia de tal primacía en el pasado o la necesidad de ella en el presente. Pero un estudio objetivo de la tradición canónica no puede dejar de establecer más allá de toda duda que, junto con los "centros de acuerdo" o primacías locales, la Iglesia también ha conocido una primacía universal ...

Es imposible negar que, incluso antes de la aparición de primacías locales, la Iglesia desde los primeros días de su existencia poseía un centro ecuménico de unidad y acuerdo. En el período apostólico y judeocristiano, fue la Iglesia de Jerusalén, y más tarde la Iglesia de Roma - "presidiendo en ágape (amor)", según San Ignacio de Antioquía. Esta fórmula y la definición de la primacía universal contenida en ella han sido debidamente analizadas por el Padre Afanassieff y no necesitamos repetir aquí su argumento. Tampoco podemos citar aquí todos los testimonios de los Padres y los Concilios que reconocen unánimemente a Roma como la iglesia mayor y el centro del acuerdo ecuménico.

Es solo en aras de las polémicas sesgadas que se pueden ignorar estos testimonios, su consenso y significación. Sin embargo, ha sucedido que si los historiadores y teólogos romanos siempre han interpretado esta evidencia en términos jurídicos, falsificando así su verdadero significado, sus opositores ortodoxos han menospreciado sistemáticamente la evidencia misma. La teología ortodoxa todavía está esperando una evaluación verdaderamente ortodoxa de la primacía universal en el primer milenio de la historia de la iglesia – Una evaluación libre de las exageraciones polémicas o apologéticas.»


Padre Alexander Schmemann: "The Primacy of Peter" Ch. 5, pgs 163-164 (c. 1992)

lunes, 31 de diciembre de 2018

Hechos 11, 26: Los primeros cristianos pertenecían a la Iglesia católica.

La biblia dice que a los discípulos del Señor se les comenzó a llamar 'Cristianos' en Antioquía: «Y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de "cristianos".» Hechos 11, 26
 

Ahora bien, en el año 107, precisamente EL OBISPO DE LA IGLESIA DE ANTIOQUÍA (San Ignacio) le llama 'Católica' a la Iglesia en su carta a los cristianos de Esmirna:

«Que nadie haga nada perteneciente a la Iglesia al margen del obispo. Considerad como eucaristía válida la que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él la haya encomendado. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la Iglesia católica.»

¿Entonces a qué Iglesia pertenecían aquellos discípulos que recibieron por primera vez el nombre de "cristianos" en Antioquía como dice Hechos 11, 26? ¡A LA IGLESIA CATÓLICA!



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jueves, 6 de diciembre de 2018

Oración para pedir por las personas que mueren.



Es espiritualmente muy útil y altamente valorado por Dios que, como miembros del Cuerpo de Cristo que somos, oremos los unos por los otros. Cuando un alma ha sido llamado a rendir cuentas ante el Señor, es muy piadoso que pidamos por ella, le conozcamos o no le conozcamos. 

¿Te imaginas que un alma pueda alcanzar la Misericordia de Dios debido a tu ruego por ella? ¿Sería grandioso, no? ¿Imaginas llegar al cielo y que muchas almas te reciban y te den gracias por esa oración que hiciste en el momento que te enteraste que fallecieron, aunque no las conocieras? Tu oración, como una obra de misericordia, puede conseguirles el cielo.

Podría ser que muchas almas que quizá merecían el castigo eterno sean enviadas solamente a purificarse en el purgatorio gracias a tu oración. 

Como decía el Venerable Arzobispo Fulton J. Sheen:

«Al entrar en el cielo los veremos, muchos vendrán hacia nosotros y nos agradecerán. Preguntaremos quiénes son y dirán:"una pobre alma por la que oraste en el purgatorio"».

Por eso te invitamos a que cada vez que escuches (en una plática, en la radio, en la tele, en una nota en internet, etc.) que alguien que murió, aunque no tengas ni la menor idea de quien era, hagas la siguiente oración:


«Padre, perdónale todos sus pecados por la obra redentora de tu Hijo Jesucristo en la cruz. Concédele una morada en tu Reino de los Cielos y la vida eterna. Amén.»

lunes, 3 de diciembre de 2018

Diferencia entre la Ascensión de Jesús y la Asunción de María.

Los Cristianos Católicos, desde los primeros siglos del cristianismo, hemos creído y celebrado tanto la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo como en la Asunción de Su Santísima Madre, la Bienaventurada Virgen María, ¿pero cual es la diferencia entre la Ascensión y la Asunción?

La diferencia reside en que Jesús ascendió al cielo por su propio poder, pues siendo verdadero Dios y verdadero Hombre, con la omnipotencia de su divinidad ascendió para sentarse a la derecha de Dios Padre. 

La Virgen María, por su parte, y debido a que Dios no permitió que viera corrupción el vientre donde Él decidió que se encarnara Su Divino Verbo, vientre que sirvió de Tabernáculo santo, fue asunta al cielo en cuerpo y alma por la voluntad y la fuerza de Dios. 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Cómo rezar el Rosario de las Santas Llagas de Jesús.

El Rosario de las Santas Llagas nace de una revelación dada por nuestro Señor Jesucristo en el siglo XIX a la hermana María Martha Chambon, religiosa de la Orden de la Visitación. 

Entre otras cosas, el Señor le pidió difundir la devoción a sus Santas Llagas, signo del sufrimiento en la cruz que por amor padeció en favor nuestro, revelándole que sus llagas son un tesoro y una fuente infinita de la Gracia Divina, a la que debíamos recurrir sin cansancio todos los cristianos para obtener perdón, misericordia y muchas otras gracias particulares con las cuales sostener nuestra vida de fe.

Nuestro Señor Jesús le dijo a la Hermana María Martha: "Con estas invocaciones eres más poderosa que un ejército para detener a mis enemigos".

Así que recomendamos ampliamente practicar y difundir esta hermosa devoción.

¿Cómo rezar el Rosario de las Santas Llagas de Jesús?

Tomando la camándula (rosario), en la Cruz diremos: "Oh Jesús, Redentor Divino, se misericordioso con nosotros y con el mundo entero".

En las siguientes tres cuentas  que están unidas diremos: 

- Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero. (en la primera cuenta)

- ¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío! Durante los presentes peligros, cúbrenos con tu preciosa Sangre. (en la segunda cuenta).

- Padre Eterno: Ten misericordia por la Sangre de Jesucristo, tu Hijo único; ten misericordia de nosotros, te lo suplicamos. Amén, amén, amén.

En las cuentas grandes, pensando en Jesús crucificado, haremos una adoración a cada una de las 5 Llagas (una por cada decena). Por ejemplo, en la primer cuenta grande, diremos:

Jesús mío, yo adoro las Santas Llagas de tus pies, y por el dolor que en ellas sufriste y la Sangre que de ellas derramaste, te suplico que perdones mis pecados y que tengas misericordia de mi alma y la de todos mis hermanos.
-
PADRE ETERNO, YO TE OFREZCO LAS LLAGAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, PARA QUE CURES LAS LLAGAS DE NUESTRAS ALMAS.

En las 10 cuentas pequeñas diremos:

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

En la segunda cuenta grande para iniciar la segunda decena, diremos:

Jesús mío, yo adoro la Santa Llaga de tu costado, y por el dolor que en ella sufriste y la Sangre que de ella derramaste, te suplico que perdones mis pecados y que tengas misericordia de mi alma y la de todos mis hermanos

Padre Eterno, yo te ofrezco las Llagas de nuestro Señor Jesucristo, para que cures las llagas de nuestras almas.

En la tercera, cuarta y quina cuenta grande solo cambiará la Llaga (Llaga de la mano izquierda, Llaga de la mano derecha, Llagas de la cabeza).
 

Al finalizar las cinco Llagas y para concluir el Rosario diremos tres veces:

Padre Eterno, yo te ofrezco las Llagas de nuestro Señor Jesucristo, para que cures las llagas de nuestras almas.
 

miércoles, 21 de noviembre de 2018

El Credo de Nicea refuta la doctrina protestante.

El protestantismo intenta justificar sus doctrinas como la 'sola scriptura' arguyendo que la Iglesia primitiva de los primeros siglos tenía solo por regla de fe y autoridad a la Escritura y que por tanto lo único que habría hecho Lutero sería intentar volver a las "raíces" del cristianismo antiguo. Hay toneladas de pruebas de que la Iglesia primitiva nunca practicó la 'sola escritura' ni algo remotamente parecido, pero una prueba particularmente esclarecedora es el propio Credo Niceno (o Nicenoconstantinopolitano), el cual incluso es aceptado y reconocido por ciertas corrientes y denominaciones protestantes. Por eso decimos:

Tan claro es que la 'Sola Escritura' nunca fue el criterio de fe y autoridad en el Cristianismo primitivo, que la Confesión de Fe Cristiana más antigua y universal (el Credo de Nicea) no dice por ninguna parte "Creemos en la Biblia" (cuyo canon por entonces ni siquiera se había definido), ni menciona siquiera a las Escrituras, sino que confiesa: "Creemos EN LA IGLESIA, que es Una, Santa, Católica y Apostólica", dejando claro que el criterio de autoridad era eclesiástico (todo lo que enseñara la Iglesia -por medio de la Escritura y de la Tradición- en tanto que depositaria de la revelación completa recibida por Cristo y los apóstoles) y no solo escritural.


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