miércoles, 13 de febrero de 2019

Las Letanías del Rosario


Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz. (tres veces)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te rogamos nos concedas,
Señor Dios nuestro,
gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión
de la bienaventurada siempre Virgen María,
vernos libres de las tristezas de la vida presente
y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

lunes, 11 de febrero de 2019

Papa Francisco envía carta a presas argentinas: "La cárcel no puede ser reducida a un castigo, la sociedad tiene la obligación de procurar su reinserción, no su descarte"


Vaticano, 3 de febrero de 2019

Unidad 31
Centro Federal de Detención de Mujeres.

Queridas hermanas:

   Agradezco de corazón las cartas que me enviaron en diciembre pasado, en las que manifiestan tanto esperanza como dolores, temores e interrogantes. Gracias también a las maestras del taller de fibro fácil, por el trabajo que hacen. 

   Jesús nos invita a dejar la lógica simplista de dividir entre buenos y malos para ingresar en otra dinámica, capaz de asumir la fragilidad, nuestros límites y pecados, y así poder salir adelante. Y podemos hacerlo porque la misericordia del Señor nos abraza a todos. 

   Muchas de ustedes son madres y en sus cartas piden por sus hijos. Saben lo que es gestar la vida. Hoy tienen el desafío de gestar el futuro y tienen la capacidad de hacerlo, aun cuando deban luchar contra tantos determinismos. No se dejen cosificar, no son un número. Son personas que gestan esperanza porque quieren parir esperanza. Ustedes están privadas de su libertad, no de su dignidad ni de su esperanza. 

   Ningún conflicto se resuelve aislando, apartando, descartando personas. A veces se pierde de vista lo que debe estar en el centro de nuestras preocupaciones: sus vidas, las de sus familias y las de aquellos que también han sufrido a causa de este círculo de violencia. 

   La cárcel no puede ser reducida a un castigo, la sociedad tiene la obligación de procurar su reinserción, no su descarte. La reinserción comienza creando un sistema que podríamos llamar de salud social, es decir, una sociedad que procure que no se enfermen las relaciones en el barrio, en las escuelas, en las plazas, en las calles, en los hogares, en todo ámbito de la vida común. Y, sobre todo, una sociedad sin excluidos ni marginados. 

   Que el Señor las bendiga y la Virgen María las proteja, a ustedes, sus hijos y familiares. 

   Rezo por ustedes. Les ruego que recen por mí. 

Fraternalmente: 

Francisco. 


jueves, 7 de febrero de 2019

'Préstame, Madre...' Hermosa oración a la Virgen María.

Préstame, Madre, tus ojos, para con ellos mirar, porque si por ellos miro, nunca volveré a pecar. Préstame, Madre, tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar. Préstame, Madre, tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y de santidad. Préstame, Madre, tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más. Préstame, Madre, tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar. Préstame, Madre a tu Hijo, para poderlo yo amar, si Tú me das a Jesús, ¿qué más puedo yo desear?  esa será mi dicha por toda la eternidad.

lunes, 4 de febrero de 2019

(Cita) San Agustín creía en la veneración de los santos y celebraba sus fiestas litúrgicas

Existe dentro del protestantismo la corriente conocida como 'reformados' -aglutinados mayormente en las iglesias presbiterianas-. Los que se identifican bajo este título de "reformados" son básicamente los "calvinistas", seguidores de Juan Calvino, y quienes a su vez se consideran los verdaderos herederos de la teología y la doctrina de San Agustín. 

Con la cita de abajo (aunque podríamos utilizar muchas otras, como aquellas en las que San Agustín enseña sobre el sacrificio eucarístico de la Misa ofrecido por las almas de los difuntos o sobre la intercesión de los santos, solo por mencionar dos ejemplos -los protestantes no creen en los ruegos por los difuntos y mucho menos que la Misa sea un verdadero sacrificio, y tampoco creen en que nos podamos encomendar a la intercesión de los santos del cielo-) demostramos que el pensamiento, la obra, la fe y la doctrina de San Agustín no tiene nada que ver con el calvinismo en particular ni con el protestantismo en general. Las enseñanzas de este Doctor de la Iglesia son enteramente católicas.

¿ O acaso veneran los reformados a los santos como lo hacía San Agustín? ¿Celebran los protestantes anualmente la fiesta de San Pedro y San Pablo como hacía la Iglesia en los primeros siglos cuando el santo de Hipona estaba aun en este mundo y como lo sigue haciendo hasta hoy la Iglesia católica?

«Vengamos a Pedro, tampoco puedo hablar de él dignamente, mas tributémosle la veneración solemne de este día»
San Agustín de Hipona; sermón 299 durante la Fiesta de los santos Pedro y Pablo. Año 418. 


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También puedes leer: Cita de San Agustín sobre la intercesión de los santos

martes, 8 de enero de 2019

Breve apreciación sobre el beneficio de las imágenes religiosas para la fe cristiana.


[Esta breve reflexión surge como respuesta a un protestante que me preguntaba cual era la utilidad de usar imágenes dentro de la liturgia católica.]

Las imágenes en sí mismas no se usan o muy extrañamente se usan dentro de los servicios litúrgicos, pero sí forman parte del escenario litúrgico, el templo. Y su utilidad es múltiple; el ser humano es un ser visual, nuestra mente trabaja con imágenes todo el tiempo, el entrar a un templo y ver imágenes sacras te conecta inmediatamente con lo sagrado, con lo divino; si bien no son la realidad, son signos que nos introducen y conectan mentalmente y espiritualmente con lo divino. Un crucifijo interpela a nuestra mente sobre el acto de amor de Jesús en la cruz por nosotros, nos recuerda su obra y ella se queda anclada en nuestra mente; ver a los santos de Dios nos mueve a pensar en aquello en lo que Dios quiere que nos convirtamos y para lo cual nos creó, son modelos de santidad.

Debo decir que en algún momento tuve cierta inclinación contra las imágenes, en un principio, luego de mi conversión al catolicismo, me costaba mucho entender su utilidad y pensaba que creaban más problemas para la fe de lo que aportaban a ésta. Pero luego de reflexionar el tema durante años he llegado a entender su profunda utilidad para la fe cristiana. Para mí no es casualidad que los países más ateos de la tierra sean aquellos que otrora fueron protestantes. Si bien la descristianización en esos lugares obedece a muchos factores, uno de ellos para mi es la falta de la cotidiana relación con signos que ayuden a los fieles a conectar con lo sacro. Si sus templos no tienen nada que te conecten visualmente con la pasión, muerte y resurrección del Señor, si en sus casas están vetados todos esos signos cristianos, si en la cultura no hay costumbres o tradiciones religiosas que alimenten la fe (procesiones, fiestas por alguna advocación que se represente con alguna imagen, etc.), creo que la identidad y la cultura cristiana están condenada a menguar y progresivamente a morir. Y no, no creo que la lectura de la biblia sea suficiente para establecer una relación con las realidades divinas y mantener de manera perdurable una cultura cristiana.


jueves, 3 de enero de 2019

Sacerdotes ortodoxos reconocen "primacía de prioridad" del Obispo de Roma.


El Padre Alexander Schmemann (†1983), presbítero ortodoxo, reconocía que siempre existió un centro ecuménico de unidad y de acuerdo en la Iglesia Universal, y que ese centro era Roma.

Si bien el Padre Schmemann así como el Padre Afanassieff (también ortodoxo y a quien Schmemann hace referencia en la cita de abajo) no reconocen en sus escritos la primacía de autoridad de Roma, ambos admiten lo que Afanassief daba por llamar "primacía de prioridad" o "el principio de prioridad" de la Iglesia de Roma en la Iglesia Católica desde finales del primer siglo, en que el centro de la cristiandad se trasladó de Jerusalén a Roma.

«Finalmente llegamos a la más alta y última forma de primacía: la primacía universal. Un prejuicio antiromano de muchos años ha llevado a algunos canonistas ortodoxos simplemente a negar la existencia de tal primacía en el pasado o la necesidad de ella en el presente. Pero un estudio objetivo de la tradición canónica no puede dejar de establecer más allá de toda duda que, junto con los "centros de acuerdo" o primacías locales, la Iglesia también ha conocido una primacía universal ...

Es imposible negar que, incluso antes de la aparición de primacías locales, la Iglesia desde los primeros días de su existencia poseía un centro ecuménico de unidad y acuerdo. En el período apostólico y judeocristiano, fue la Iglesia de Jerusalén, y más tarde la Iglesia de Roma - "presidiendo en ágape (amor)", según San Ignacio de Antioquía. Esta fórmula y la definición de la primacía universal contenida en ella han sido debidamente analizadas por el Padre Afanassieff y no necesitamos repetir aquí su argumento. Tampoco podemos citar aquí todos los testimonios de los Padres y los Concilios que reconocen unánimemente a Roma como la iglesia mayor y el centro del acuerdo ecuménico.

Es solo en aras de las polémicas sesgadas que se pueden ignorar estos testimonios, su consenso y significación. Sin embargo, ha sucedido que si los historiadores y teólogos romanos siempre han interpretado esta evidencia en términos jurídicos, falsificando así su verdadero significado, sus opositores ortodoxos han menospreciado sistemáticamente la evidencia misma. La teología ortodoxa todavía está esperando una evaluación verdaderamente ortodoxa de la primacía universal en el primer milenio de la historia de la iglesia – Una evaluación libre de las exageraciones polémicas o apologéticas.»


Padre Alexander Schmemann: "The Primacy of Peter" Ch. 5, pgs 163-164 (c. 1992)

lunes, 31 de diciembre de 2018

Hechos 11, 26: Los primeros cristianos pertenecían a la Iglesia católica.

La biblia dice que a los discípulos del Señor se les comenzó a llamar 'Cristianos' en Antioquía: «Y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de "cristianos".» Hechos 11, 26
 

Ahora bien, en el año 107, precisamente EL OBISPO DE LA IGLESIA DE ANTIOQUÍA (San Ignacio) le llama 'Católica' a la Iglesia en su carta a los cristianos de Esmirna:

«Que nadie haga nada perteneciente a la Iglesia al margen del obispo. Considerad como eucaristía válida la que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él la haya encomendado. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la Iglesia católica.»

¿Entonces a qué Iglesia pertenecían aquellos discípulos que recibieron por primera vez el nombre de "cristianos" en Antioquía como dice Hechos 11, 26? ¡A LA IGLESIA CATÓLICA!



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