jueves, 6 de septiembre de 2018

¿Es cierto que Dios no comparte su gloria con nadie? ¿Está mal venerar a la Virgen?


Un hermano católico cuestionó por facebook qué tan válido era la veneración a la Santísima Virgen y a nuestros hermanos los Santos, ya que el miembro de una comunidad protestante lo abordó y le dijo que venerar a la madre de nuestro Señor Jesucristo era incorrecto, ya que, según este hermano separado, "dice la biblia que Dios no comparte su gloria con nadie" y para esto le citó Isaías 42, 8 desde su biblia Reina-Valera 1960:
"Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas."
El hermano católico leyó el versículo y sorprendido pensó que quizá ellos tienen razón y que los católicos hacemos mal en amar demasiado a Nuestra Señora y Madre de nuestro Redentor. Exactamente a eso es a lo que apuestan esa clase de grupos con su proselitismo anti-católico, a confundir a católicos con poca o deficiente formación doctrinal, y que conocen poco las Escrituras, para así llevárselos de la Iglesia. 

Así que respondamos a la pregunta: ¿realmente Dios no comparte su gloria con nadie?

Pues muy lejos de lo que tristemente le han hecho creer a los hermanos separados, a quienes les han vendido la imagen de un Dios egoísta o envidioso, que quiere todo solo para sí mismo, en realidad resulta que Dios SÍ comparte su gloria

¿Pero cómo? Si Isaías 41, 8 dice que Dios no comparte su gloria, ¿cómo es que los católicos decimos que sí la comparte? ¿Es esto acaso otro de los "inventos romanistas" de los que nos acusan los enemigos de la Iglesia católica? Pues no, ningún invento; si decimos que Dios comparte su gloria es porque lo dicen las propias Escrituras:
"Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno" (San Juan 17, 22)
Dios Padre ha compartido su gloria con Dios Hijo y como Dios es caridad en estado absoluto, no se guarda su gloria para sí, sino que la comparte con los suyos, con sus siervos, con sus hijos, con sus santos. Porque precisamente de eso se trata la salvación, de que en su infinito amor, Dios quiere rescatarnos de la caída a la que nos ha conducido el pecado y hacernos entrar en Su Gloria. 

Si algo quiere Dios es precisamente compartir su gloria con nosotros, y compartirla eternamente.  

¿Pero entonces la biblia se contradice entre lo que dice Isaías y lo que dice San Juan? Por supuesto que no, lo que sucede es que Dios comparte su gloria, pero NO la comparte con cualquiera. Es lógico, si revisamos correctamente el versículo de Isaías 42, 8 que Dios está dando una enseñanza muy específica y concreta contra la idolatría, contra los falsos dioses y las esculturas de esos dioses falsos (no confundir con las imágenes cristianas, que no representan a ídolos, sino a siervos santos, humildes y obedientes de nuestro Señor Jesucristo). 

¡Obviamente Dios no comparte su gloria con dioses falsos, que llevan a la perdición y a la ruina a las almas de sus criaturas, a los que Él quiere salvar! Dios a través del profeta Isaías quiere enseñarnos que el único Dios que existe es Él, y que por tanto mirar hacia otros dioses nos desvía de sus enseñanzas, nos extravía del conocimiento de su voluntad.

Pero la Santísima Virgen no es un ídolo, no es un dios falso que compite con el Dios verdadero, María es el modelo perfecto de sierva del Señor,  de ese mismo Dios verdadero que la creó y la predestinó para encarnarse en su vientre, ¿cómo habría de sentir Dios envidia por María? ¿Cómo podría no compartir su gloria con ella, si hija predilecta? ¿Cómo podría no compartirles de su gloria a sus hijos, los santos?

Por otra parte, no está de más volver a ser enfáticos en que la veneración o el sumo grado de respeto y amor que sentimos los cristianos por María y los santos no implica colocarlos al mismo nivel de Dios, pues Dios es el Creador y los santos son sus criaturas, las que precisamente ya han sido glorificadas por Él y admitidas en su reino.


Así que no te dejes confundir con textos aislados o sacados de contexto, que no te confundan equiparando a los ídolos con la madre del Salvador (ya que Jesús no nació de ningún ídolo), ni a la idolatría con la sana veneración de los siervos de Dios (a quienes se les venera precisamente porque reconocemos que han sido glorificados por el único Dios verdadero en el que creemos y al cual adoramos: El Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

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