miércoles, 9 de octubre de 2019

Jesús, único mediador entre Dios y los hombres; María mediadora de las gracias. Explicación a una hermana separada.


Una hermana separada, miembro de una denominación bautista particular (de corriente calvinista), me cuestionaba cómo es que los cristianos católicos podíamos afirmar que Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres y al mismo tiempo admitir que María es 'mediadora', lo que, a su entender, era una grave contradicción, lo mismo que llamarle a María 'puerta del cielo' en las letanías, cuando Jesús dice en el Evangelio de San Juan que Él es la puerta.

¿Cómo se aclaran y resuelven estas aparentes contradicciones? Lo podemos ver a continuación (lo siguiente es la respuesta que se le dio a esta hermana protestante):

Me preguntas “¿cómo es que se declarara mediador a otro más que a Cristo, y se dice de otro que es “puerta del cielo” aparte de Cristo?”

Te respondo: ¿Mediador con respecto a qué? Porque si nos referimos a la mediación de la nueva alianza de Dios con los hombres, la Iglesia católica enseña -como lo verás más adelante con una cita del Catecismo- que el único mediador es Cristo, nadie más.

El problema es que ustedes ven un título o un concepto y en lugar de preguntar a qué se refiere la Iglesia hacen conjeturas apresuradas.

Cuando la Escritura dice “hay un solo mediador entre Dios y los hombres” se refiere al sentido pactual, en que la Nueva Alianza tiene a Cristo por único mediador, siendo su sacrificio el medio de reconciliación de Dios con el hombre pecador. Y de éste sacrificio mediador surge toda la obra de evangelización, a la que Dios nos ha querido asociar a todos (incluida a su madre).

Pero bueno, el punto es que cuando la Iglesia le llama mediadora a la Virgen especifica muy claro que es mediadora DE LAS GRACIAS, NO DEL PACTO. La Iglesia cree que Dios, porque así le ha placido en su soberanía, ha querido utilizar a la Virgen como un medio para hacer llegar gracias y bendiciones a su pueblo, eso NO invalida la única mediación de Cristo, por medio de su sangre, con respecto a la Nueva Alianza.

Y cuando le llama “puerta del cielo”, es por algo muy sencillo: Porque Cristo entró al mundo a través de ella. Ustedes confunden “la dirección” de esa puerta, no se le llama puerta “de aquí hacia allá”, sino que fue la puerta utilizada por Cristo “de allá hacia acá”. ¿O acaso no fue María la puerta por la que Dios hecho hombre entró al mundo?

También me dices: «O ¿qué es lo que se debe entender cuando se dice de ella que “puede librar las almas de muerte”?»

Aquí es donde ustedes los protestantes comienzan a fabricar una especie de competencia extraña entre Jesús con su propia madre. María es una sierva e instrumento de Dios, y como sierva e instrumento, Dios ha querido asignarle ciertas tareas, algo que no debería asombrar ni escandalizar a nadie, tomando en cuenta que a TODOS LOS BAUTIZADOS nos ha constituido instrumentos para colaborar en su plan de salvación. ¿O no colaboramos con Dios en la salvación de un alma si la traemos al conocimiento y la fe de Cristo? Pues claro que sí, y no porque Dios nos necesite, sino porque nos ha querido asociar a su obra de redención. Dios te salva -casi siempre por medio de otros que te llevan a Cristo- y luego tú, a su vez, participas en la salvación de otros, (no como causa efectiva, que es únicamente el sacrificio de Cristo, claro está, sino predicando o intercediendo por la conversión de alguien, etc.)

¿Hay que escandalizarnos entonces porque María puede librarnos de la condenación? Primero, antes de hacer conjeturas apresuradas, deberíamos preguntarnos a qué se refiere esto. ¿Es librarnos de la muerte aparte de Cristo o como instrumento supeditado a la obra de redención de Cristo? Por supuesto que es en función del papel que ella cumple en la obra de salvación de su Hijo, no por su cuenta propia. Evidentemente María no puede ayudar a librar a nadie de la muerte que no tenga a Cristo como Señor.

María puede obtenernos con sus ruegos (toma en cuenta que rogar ya de antemano implica una subordinación a Dios, por eso es que le ruega) tal o cual gracia para nuestra conversión, y podrá también , quizá como muchos otros santos (posiblemente incluidos hasta protestantes que se han salvado) abogar ante el Justo Juez en nuestro juicio a la hora de la muerte, etc., pero siempre su papel emana de lo que Cristo hizo en la cruz.

O sea, en efecto, el único que puede librar de la muerte es Dios, lo que no niega la participación de sus santos en esta obra.

O dime, si evangelizas a un pagano que adora a alguna falsa deidad o a algún pecador empedernido y lo llevas a Cristo, ¿no estás librándolo de la muerte, en el sentido de que le estás llevando a aquel que le ofrece la vida?

En el fondo, Ana, muchas de las atribuciones que le damos a la Virgen son características de la participación de todos los cristianos en la obra de Cristo, solo que creemos que María, por su relación singular con Cristo, tiene precisamente un rol bastante singular en esa participación.

Te cito el siguiente numeral del Catecismo que creo que sintetiza perfectamente lo que te estoy explicando con respecto a que Cristo nos ha querido unir a su obra de salvación, aunque su madre está unida de una manera singular (en este sentido, diría yo, todos somos “corredentores” con Cristo cuando le anunciamos el evangelio a alguien o intercedemos orando para obtenerle de Dios la gracia de la conversión, de ahí que tampoco debería ser un escándalo decir que la Madre del Señor tenga un papel en esta misión "corredentora" con Cristo en la que participamos todos los cristianos). Ahora sí para finalizar te cito el Catecismo:

«Nuestra participación en el sacrificio de Cristo

618 La Cruz es el único sacrificio de Cristo "único mediador entre Dios y los hombres" (1 Tm 2, 5). Pero, porque en su Persona divina encarnada, "se ha unido en cierto modo con todo hombre" (GS 22, 2) Él "ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios sólo conocida [...] se asocien a este misterio pascual" (GS 22, 5). Él llama a sus discípulos a "tomar su cruz y a seguirle" (Mt 16, 24) porque Él "sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas" (1 P 2, 21). Él quiere, en efecto, asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios (cf. Mc 10, 39; Jn 21, 18-19; Col 1, 24). Eso lo realiza en forma excelsa en su Madre, asociada más íntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor (cf. Lc 2, 35):».


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